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Opinión

La Ascensión

Selma Samur de Heenan
Selma Samur de Heenan
Columnista
17 de mayo de 2026

"Ese Jesús que ha sido tomado de entre vosotros y llevado al Cielo, vendrá de la misma manera que le habéis visto ir al Cielo.” Hechos 1, 11 Después de la Resurrección, Jesús permaneció cuarenta días con sus discípulos, durante los cuales les habló acerca del Reino de Dios, les fortaleció su fe y continuó preparándolos para la misión que recibirían.

"Ese Jesús que ha sido tomado de entre vosotros y llevado al Cielo, vendrá de la misma manera que le habéis visto ir al Cielo.” Hechos 1, 11 Después de la Resurrección, Jesús permaneció cuarenta días con sus discípulos, durante los cuales les habló acerca del Reino de Dios, les fortaleció su fe y continuó preparándolos para la misión que recibirían. Aquellos hombres que habían vivido el dolor de la Pasión, el miedo y la incertidumbre, volvieron a escuchar la voz del Maestro, contemplaron sus llagas gloriosas y experimentaron la alegría de tenerlo nuevamente cerca, como ocurrió junto al lago de Tiberíades, cuando el mismo Señor les preparó pescado y comió con ellos. Los discípulos recordaban palabras de Jesús como: “Voy a prepararos el lugar” y “Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuere, el Paráclito no vendrá a vosotros”, pero todavía no comprendían plenamente su significado. Lo entendieron cuando el Señor los condujo hacia Betania, cerca del monte de los Olivos. Allí, después de hablarles por última vez y prometerles la venida del Espíritu Santo, levantó sus manos y mientras los bendecía comenzó a elevarse hasta que una nube lo ocultó de sus ojos. Los apóstoles permanecían mirando hacia lo alto cuando se presentaron junto a ellos dos ángeles, que les dijeron: “Ese Jesús que ha sido tomado de entre vosotros y llevado al Cielo, vendrá de la misma manera que le habéis visto ir al Cielo”. Cristo ascendió gloriosamente, pero no abandonó a los suyos. Los primeros cristianos vivían con la esperanza real de la venida del Señor. Durante años habían visto cumplirse sus palabras. Lo escucharon anunciar su Pasión y luego contemplaron la Cruz. Lo oyeron hablar de su Resurrección y después lo vieron vivo nuevamente entre ellos. Habían aprendido que la palabra de Cristo siempre se cumple. Por eso aguardaban también su retorno glorioso. Con el paso del tiempo, muchos han dejado de pensar en la parusía, es decir, en la segunda venida gloriosa de Cristo, como también en la eternidad y en el encuentro definitivo con Dios. Vivimos demasiado aferrados a esta tierra, preocupados por lo inmediato y por aquello que un día desaparecerá. La Ascensión nos recuerda que fuimos creados para el Cielo. Los apóstoles lo vieron subir. Nosotros esperamos su regreso. ¡Ven Señor Jesús!