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Opinión

Ir a terapia

Olga Leonor Hernández Bustamante
Olga Leonor Hernández Bustamante
Columnista
23 de noviembre de 2024

La terapia, lejos de ser un camino fácil, implica un profundo viaje de autodescubrimiento. Una paciente comparte cómo las expectativas iniciales se transformaron en un proceso de introspección y crecimiento.

Olga Leonor Hernández Bustamante “Pensé que ir a terapia era cosa fácil. Me sentaría frente a una especie de gurú experto, que tiene todos los conocimientos y me limitaría a escuchar sus instrucciones, tras haberle hecho un bosquejo de mi vida y lo que me pasaba. Luego, era cuestión de ir haciendo, obedientemente lo que se me dijera que tenía que hacer. Esa persona era la experta y una vez que yo le contara mis cosas, me podría decir por qué soy así y qué puedo hacer para dejar de serlo. Me podría explicar las causas de mi mala suerte, de mis miedos, de mis preocupaciones y me ofrecería soluciones refrescantes y novedosas. La idea me la había formado luego de ver en redes personas que ofrecían tras un curso de unas semanas, liberarme para siempre de la ansiedad, o una masterclass para abandonar lo que ya no me sirve y poder dar paso a un nuevo yo. En fin, fácil y rápido. Así llegué a terapia. Esperando que me dijeran en cada sesión las lecciones para la semana. Me convertiría en el paciente más aplicado del mundo y en poco tiempo yo iba a dejar de ser yo y podría ser otro, menos triste, menos miedoso, menos angustiado, más fuerte. Pero me encontré con que las cosas no iban a ser tan fáciles. Me di cuenta desde el primer día cuando contando mi historia, mi terapeuta me hizo notar patrones que repetía en mis vínculos y la pregunta ¿qué es lo que esperas que pase al ponerte en esa posición frente al otro? me reventó la cabeza. A la segunda sesión, llegué preparado para exigir respuestas y salí repleto de nuevas preguntas acerca de mí, de lo que deseo, de la forma en que evado mis responsabilidades, de la manera en que decido hacerme de lado y no afrontar aquello que me atemoriza, o que más bien, amenaza a mi ego. Y bueno. Al final la psicoterapia no resulto ser el camino fácil que yo esperaba. No tengo una lista de instrucciones y tareas cada semana, sino que en cada conversación comprendo mis motivaciones y mis anclas. Es curioso verme al espejo de esa manera y darme cuenta de que la vida que voy construyendo es fiel reflejo de la manera en que asumo lo que soy y puedo ser, de la forma en que me reconozco en mis emociones, de las estrategias, unas sanas, otras no tanto, que he diseñado para que el mundo no me destroce. Cada conversación es un paso más en el conocimiento de mí mismo. Hoy sé que si reconozco lo que voy siendo a cada momento, puedo moverme de manera más real y auténtica, hoy comprendo que la terapia no es un camino para evitar el sufrimiento, sino para permitirme vivirlo sin miedo a que me destruya”.