
Instrucciones para sentir (II)

¿Estas listo para dejar de escapar de ti mismo? Bueno, en realidad puede que no sientas que es el momento perfecto, que nunca estas preparado del todo, que no conoces la ruta y te dé temor perderte.
Olga Leonor Hernández Bustamante ¿Estas listo para dejar de escapar de ti mismo? Bueno, en realidad puede que no sientas que es el momento perfecto, que nunca estas preparado del todo, que no conoces la ruta y te dé temor perderte. Entonces cambiemos la pregunta ¿Estás dispuesto a dejar de escapar de ti mismo? ¿Si? La buena noticia es que para ello solo necesitas silencio y una actitud de observación respetuosa, la mala noticia es que una vez veas lo que debe ser visto, evadirlo sería un fuerte sabotaje, porque ser consciente nos llama a la responsabilidad. Observa lo que aparece cuando te intentas quedar en silencio, sin distractores, sin libros, sin teléfono ni redes sociales, sin siquiera distraerte halando ese hilo que descubriste que cuelga en un extremo de la camiseta que llevas puesta. ¿Qué tanto aparece? ¿Qué voces te pertenecen y cuáles otras son solo repeticiones de cosas que te han dicho o hecho? ¿Qué tanto sufrimiento hay por expectativas insatisfechas? ¿Cómo te tratas? ¿Qué te dices cuando las cosas salen mal? ¿Qué te dices cuando las cosas salen bien? ¿Cómo recibes tus emociones? ¿Qué ideas preelaboradas tienes de ti mismo? ¿Qué te pasa cuando intentas estar contigo? ¿Qué te afana? ¿Qué te interrumpe? ¿Qué te conecta? ¿Qué te desconecta? Respira y observa. No es cuestión de entrar en modo zen todo el día y todo el tiempo, es convertirte un observador de ti mismo, es comprender qué te pasa cuando te pasa lo que te pasa (me encanta ese trabalenguas redundante). Es quitar capa a capa aquellas cosas que te distraen para poder captar lo que sientes, lo que esperas, lo que deseas, lo que te frustra, lo que te amarga, lo que te alegra o te entusiasma y poder leer lo que esas sensaciones provocan en ti. Tal vez descubras que las escondes, que las bloqueas, que las evades, que las proteges, que te asustan, que las disfrutas. Tal vez al mirar lo que te da miedo descubras que no es tan enorme como parece, o puede que comprendas lo que realmente pretendes al relacionarte de cierta manera con alguien o al no decir nunca que no. Puede que descubras que, centrado en la carencia, te convertiste en un buscador para el cual nunca nada va a ser suficiente, en fin, cuando decidas observarte no hay forma de equivocarse porque lo que sale a la vista es lo que siempre ha estado en ti, así nunca te hayas detenido a mirarlo. Para poder sentir debes tener una actitud ingenua, sin pretender ser un sabelotodo que encuentra razones, explicaciones y justificaciones para lo que le pasa ¿De qué te sirve saber por qué te pasa algo si no puedes hacerte cargo de ello? La idea de que en la explicación está la solución es falsa, para reconocerte es necesario que dejes de perseguir razones y empieces a aceptar que lo que hay es lo que es, decidiendo cómo puedes transformarlo si es necesario. Para sentir no necesitas nada distinto a ti, poniendo entre paréntesis todo lo que se atraviese en el camino, hasta que no te quede de otra sino mirarte a la cara.