
Ingenuidad

Algo de una especie de ingenuidad tierna está presente en cada momento en que suponemos ser el centro de las intenciones de los demás o la razón de que algunas cosas pasen. Cómo si los demás no tomaran sus propias decisiones o no interpretaran la realidad de acuerdo con su propia historia y no debido a mi presencia.
Algo de una especie de ingenuidad tierna está presente en cada momento en que suponemos ser el centro de las intenciones de los demás o la razón de que algunas cosas pasen. Cómo si los demás no tomaran sus propias decisiones o no interpretaran la realidad de acuerdo con su propia historia y no debido a mi presencia. Es así como podemos estar convencidos de que ese compañero de trabajo, que pregunta todo y pide confirmación de todo, me la tiene montada, le gusta hacerme enojar, sabe qué decir para irritarme y no duda en hacerlo. No es que el otro tenga una manera de hacer las cosas orientada al detalle, o que tal vez sea inseguro y necesite cerciorarse de que lo que entendió o lo que está haciendo está bien, no; nos es más fácil suponer que su modo de ser es algo directamente contra mí. O aquella mamá que está convencida de que las criticas, burlas o comentarios de su hijo adolescente están sólo dirigidas a ella. Que no la quiere, no la respeta y no valora su esfuerzo. Y puede estar tan convencida de eso, que deja de observar y acompañar el estado de animo de su hijo y empieza sólo a protegerse, defenderse y afirmarse frente a él, ingresando en un bucle de discusiones en el que ambos están malheridos, damnificados y solos. O la hija, cuidadora de sus padres ya ancianos, que encuentra al regresar de un corto viaje, que su mamá no quiso tomar sus medicamentos y la persona delegada para su cuidado no estuvo atenta a este detalle. Esa hija se convence que esto pasó por haberse ido, que es una muestra de que no puede salir o hacer su vida y sus cosas, que su ausencia causó una emergencia médica y que simplemente debe aceptar que no puede decidir por ella. O la joven, que se echa sobre los hombros ser la causa de que su novio haya decidido terminar la relación. Se convence que fue por su necesidad de afecto, que juzga como intensa o por que nadie querria estar con una persona como ella. Omite que él toma sus propias decisiones y tiene sus propios miedos, que evade el compromiso y cuando siente que las cosas se van poniendo muy serias sale huyendo, que se debate entre tenerlo todo o la renuncia asociada a cualquier elección. Repito: Algo de ingenuidad tierna está presente en cada momento en que suponemos ser el centro de las intenciones de los demás o la razón de que algunas cosas pasen. Debemos ser responsables de nuestra existencia, si, pero eso no significa tener incidencia directa en las decisiones de los demás. Al ego le duele darse cuenta que no es el eje del mundo de los otros y tal vez por esto nos impone la carga de sentirnos más importantes de lo que realmente somos.