Cargando indicadores...
Sucre Logo
Imagen del artículo
Opinión

Información o confusión

Selma Samur de Heenan
Selma Samur de Heenan
Columnista
18 de enero de 2026

En las redes sociales circulan cada vez más videos que no son lo que aparentan. Aparecen en plataformas que muchos consultan a diario, como YouTube, Facebook o Instagram.

Por Selma Samur de Heenan En las redes sociales circulan cada vez más videos que no son lo que aparentan. Aparecen en plataformas que muchos consultan a diario, como YouTube, Facebook o Instagram. Se presentan como mensajes de políticos, sacerdotes, líderes sociales o personas reconocidas, utilizando voces o imágenes que nunca les pertenecieron. El punto central al que deseo referirme es la suplantación y la mentira en el origen del video. Aunque lo que se diga pudiera sonar correcto, el hecho de atribuirlo falsamente a otra persona lo invalida de inmediato. Cuando se miente sobre quién habla, no hay base para confiar en lo que se transmite, ya que la verdad empieza por la honestidad de su procedencia. Hay, además, otra práctica que personalmente me incomoda en gran medida. Los títulos engañosos, diseñados para provocar o alarmar, que no guardan relación real con lo que se encuentra al abrir el video. Frases pensadas para atraer clics, asegurar visualizaciones o generar reacciones rápidas. Por esa razón he dejado de seguir canales que durante años consulté con interés, no por desacuerdo con sus ideas, sino por la forma en que comenzaron a presentarlas o venderlas, teniendo la monetización como primer objetivo. A esto se suma una realidad preocupante. Muchas personas comparten ese material sin detenerse a verificarlo. Lo reenvían, lo defienden e incluso discuten por él, sin advertir que parten de una falsedad. Hay buena intención, pero también una ingenuidad que termina haciendo daño. Tener un corazón sencillo es una virtud. Carecer de discernimiento no lo es. Vivimos expuestos a una avalancha constante de información. No todo merece ser compartido, porque no todo lo que circula es veraz y, aunque genere impacto, no edifica. Se hace necesario poner mayor cuidado antes de compartir información. Revisar con pausa y atención antes de informar o dar por cierto algo que no hemos confirmado. Desde una mirada cristiana, el llamado es claro. No mentir. No engañar. No prestar el nombre ni la conciencia al error. Buscar la verdad, incluso cuando exige más esfuerzo. Ofrecer claridad y no confusión también pasa por discernir, actuar con responsabilidad y respetar a quien escucha. Dios no bendice el engaño en aquello que se ofrece, aunque se disfrace de habilidad o estrategia. Así lo establece la Escritura. “La balanza falsa es abominación para Yahvé, pero el peso justo es su complacencia” Proverbios 11,1.