
Incomodidad y responsabilidad

“Tengo que recordarme a mi misma que ustedes los psicólogos no son maquinas expendedoras de soluciones”
“Cierto”, me dijo, “Tengo que recordarme a mi misma que ustedes los psicólogos no son maquinas expendedoras de soluciones”. Nos reímos y jugamos un rato con la idea de insertar una moneda y que salga la solución a un problema, Yo inserto toda la información acerca de lo que me pasa y tú la organizas, me resuelves el lio, me bajas la culpa, el miedo o la ansiedad. Es un negociazo, decía ella riendo, dame algo de dinero y a cambio yo te digo qué hacer. Vengo a que me digas qué debo hacer. Ya perdí la cuenta de las veces que me han dicho en consulta esta frase. A simple vista, parece un asunto de compromiso y responsabilidad, de hacerse cargo de lo que me sucede y poder tomar una posición al respecto, asumiendo las consecuencias de las decisiones que tomo y lidiando con los imprevistos que me encuentro en el camino. Pero si uno rasguña un poco la superficie, más allá de esa aparente resistencia a tener que asumirse protagonista de la historia, está la evitación de la incomodidad. Es que es incomodo aceptar que, por ejemplo, no todos los compañeros de trabajo me caen bien y que tengo que compartir espacios con personas que no me gustan. Es incomodo reconocer que, en mi casa, como no he puesto limites, las demás personas se descargan sobre mi y estoy llegando a un punto de agotamiento y saturación. Es incomodo saber que me he encargado de sabotear mis procesos para ponerme una y otra vez en el lugar de la victima que necesita ser salvada. Es incomodo observar que mi inflexibilidad me ha llevado a acumular más estrés del que sería necesario. No es divertido reconocer que sigo, una y otra vez confirmando esa idea sobre mí, que conservo intacta posiblemente desde la infancia y que justifica mi inactividad. Resulta difícil aceptar que lo que he considerado signo de madurez emocional, no es nada distinto a una cárcel que no me permite expresar lo que siento. Es incomodo saber que, finalizar una relación implica atravesar una crisis o que ser coherente conmigo implica renunciar a aceptar vínculos que tienen unas condiciones que no me gustan o que no estoy dispuesto a negociar. Es incomodo que alguna decisión me implique restringirme un tiempo mientras se ajustan las cosas. Es incomodo aceptar que no hay resultados inmediatos y corresponde esperar a que avancen los procesos. Ahora imagínate, asumir esa incomodidad por decisión propia. Es casi que un contrasentido. En redes, sobre todo, existe ese concepto de que si es lo mejor para ti todo debería fluir, debería significar sólo calma y tranquilidad. Pero eso es enfocar el producto acabado y no la incomodidad del proceso, de la crisis, del reajuste, de la resignificación, de la espera. Soy psicóloga, terapeuta, no soy una maquina expendedora de soluciones. Sé que no hay forma de ahorrarse la incomodidad y la responsabilidad cuando me hago dueño de mi mismo y de mis decisiones, pero acompaño a sostener/sostenerte en esa incomodidad.