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Opinión

Inclusión financiera y pagos digitales

Manuel Cadrazco Martelo
Manuel Cadrazco Martelo
Columnista
22 de octubre de 2025

La pandemia aceleró una transformación que ya venía gestándose: la migración masiva de economías informales y pequeñas empresas hacia métodos de pago digitales.

Por Manuel Cadrazco Martelo La pandemia aceleró una transformación que ya venía gestándose: la migración masiva de economías informales y pequeñas empresas hacia métodos de pago digitales. Lo que empezó como una necesidad sanitaria para evitar el contacto físico se convirtió en una puerta de entrada a un sistema financiero más inclusivo y eficiente. Hoy no se trata solo de sustituir billetes por aplicaciones; es una reconfiguración profunda de cómo circula el dinero, cómo se registra la actividad económica y cómo se articula el acceso a servicios financieros para quienes antes estaban fuera del sistema. Para los emprendedores, los pagos digitales significan profesionalización. Registrar ventas electrónicas genera historial transaccional, y ese rastro permite a bancos y plataformas evaluar riesgo de manera más precisa. Un vendedor ambulante que antes dependía exclusivamente de efectivo puede, con una simple aplicación, acceder a herramientas de facturación, control de inventario y, crucialmente, a microcréditos basados en su flujo real de ingresos. La bancarización masiva no es un ideal abstracto; es una consecuencia práctica de la digitalización. Cuentas móviles y billeteras electrónicas facilitan el ahorro, permiten pagos recurrentes y reducen costos de transacción, especialmente en zonas con escasa infraestructura bancaria. El acceso a crédito cambia de lógica cuando hay datos digitales. Los análisis alternativos —basados en comportamiento de pago, historial en plataformas de comercio o en facturación electrónica— amplían la base de quienes califican para productos financieros. Esto no solo democratiza el crédito, sino que mejora su sostenibilidad. Naturalmente, la transición exige regulación inteligente y educación financiera. Es indispensable proteger a los usuarios frente a fraudes, garantizar interoperabilidad entre plataformas y promover alfabetización digital para que la tecnología no reproduzca exclusiones. Sin embargo, las ventajas son contundentes: mayor trazabilidad, reducción de costos operativos y nuevas oportunidades de negocio. La digitalización de pagos llegó con la pandemia, pero se quedará porque transforma estructuras económicas básicas. Para los emprendedores y los millones que aún están fuera del sistema formal, representa la posibilidad concreta de crecer, acceder a crédito y construir historial financiero. Convertir ese potencial en impacto real depende ahora de políticas públicas, diseño de productos inclusivos y formación ciudadana que aseguren que la revolución digital sea, en efecto, de beneficio para todos. El dinero en efectivo cada vez se usa menos, y precisamente que se use menos requiere de especial atención a lo que será el futuro de las transacciones entre personas y negocios.