
In-Completa

Una paciente, hastiada de diagnósticos y terapias, busca ser vista más allá de su condición. Cansada de etiquetas, anhela comprensión y respeto, desafiando la mirada ajena.
Por Olga Leonor Hernández Bustamante Ella llegó al consultorio con el hartazgo propio de la persona que ha tenido que cargar casi que toda la vida con un diagnóstico clínico-psiquiátrico. Desde pequeña en consultorios de neuropediatras, psiquiatras, neuropsicólogos y psicólogos. Desde muy pequeña con ojos vigilantes que estaban atentos (hay que decir, que con buena voluntad) de su estado de ánimo, de sus expresiones y de su desarrollo cognitivo. Desde siempre con acompañamientos “especiales” y terapias en horarios contrarios al escolar, con concesiones que le suponían, por un lado, miradas condescendientes de los adultos (profesores, familiares) y otras llenas de rabia y envidia de los pares, de sus iguales, los que solo veían una niña lo más de normal que era tratada de modo distinto. Llegó al consultorio después de muchos otros consultorios. Con ganas de hablar mucho, pero con resistencia. Con la sensación de no querer seguir siendo vista a la sombra de un rótulo, pero diciéndolo de entrada, como quien se enfrenta con lo inevitable, tal como lo ha hecho toda la vida. Llegó con el cansancio acumulado de querer demostrar que ella no es solo ese diagnóstico, con la convicción de estar condenada a ser una incomprendida, que nadie va a verla nunca con los ojos desprevenidos y abiertos para captarla completa. En unos momentos mientras habla, se rebela contra el mundo y contra todos. Está harta de querer encajar, de intentar crecer y que no la dejen. En otros momentos se retrae y se esconde, se acomoda dentro de ella y se encierra. Alcanzo a sentir cómo todo lo que dice ha sido pensado y rumiado hasta el cansancio. Le da vueltas y vueltas en la cabeza a todo lo que le pasa y construye argumentos implacables para mirar si convence a los demás de su punto de vista; pero por lo que narra, esto no es suficiente. Le siguen diciendo que es débil, que no puede, que cuidado se suicida, que estudie algo más sencillo, que ella no sabe manejar sus relaciones. De lo que hablamos, todo lo sabe, todo lo ha pensado, todo lo ha visto ya ¡mira tú que sorpresa! dice usando el sarcasmo cuando intento mostrarle algo. Entonces caigo en cuenta que no quiere ver nada, solo quiere ser vista, comprendida. Quiere ser tratada con respeto, el que merece y ha merecido siempre y que se le ha negado porque no la ven, solo ven el diagnostico que carga a cuestas. Esta enojada con el mundo y con razón. Quiero que sepa que la recibo con todo lo que es y lo que no ha podido ser y que esas cuatro paredes sean receptoras de su brillo, de esa llama que puede crecer si simplemente tiene espacio y oxígeno.