
Importancia del amor consciente

Solemos creer equivocadamente que amar a otra persona es un simple galanteo que expresa admiración, hasta la idolatría ciega que compromete la voluntad
Por Olga Lucia Bustamante Madrid Solemos creer equivocadamente que amar a otra persona es un simple galanteo que expresa admiración, hasta la idolatría ciega que compromete la voluntad y la libertad. En definitiva, ninguna de los dos casos extremos es amor, solo es la manera en que socialmente acogemos un tema trascendental y maravilloso, hasta convertirlo en un flagelo enfermizo que coarta y envilece. Es que el amor consciente tiene su origen desde que estamos en el vientre materno. Cuando esos padres, - en algunos casos solo la madre-, con todas sus limitaciones y miedos, nos acogen con ternura deleite y esmero, compartiendo desde su corazón lo mejor de sí mismo, con reverencia y respeto, con extremo cuidado y responsabilidad. Intuyendo que cualquier tropiezo podrá ser superado por ese sentimiento puro y profundo. Es en ese momento cuando germinan algunas semillas, -de tantas-, dando paso al amor consciente. Y esa nueva vida se llena de fuerza para enfrentar la existencia que apenas comienza con valentía, sintiéndose aceptado y protegido. Es ese ser que percibe de manera incipiente que es valioso y capaz. Y a medida que crece, va desarrollando un carácter reflexivo y justo. El amor consciente es sensato, prudente y recto. Está guiado por una actitud de observancia y consideración que acepta, atiende, tolera y perdona cualquier impase en el camino. Aprecia el esfuerzo de otros por sobrevivir a sus dificultades, porque instintivamente reconoce en el otro su propia lucha interior y vulnerabilidad. No juzga ni se envilece calificando los errores de los demás, su sensibilidad le permite comprenderlos y aceptarlos como son. Sabe de compasión y resiliencia. Pero, ese amor también puede florecer en cualquier etapa de la vida, cuando se abre el corazón al cambio y se da paso a nuevas sensaciones que habían permanecido en vida incipiente embrionaria, esperando ser regadas y nutridas para surgir con todos sus beneficios. Es por eso que sabemos que fuimos creados por el amor perfecto de Dios con todo lo que significa esa paterna-materna raíz. En nuestro ser somos creadores porque podemos hacer germinar las semillas que queramos, porque la simiente siempre está disponible para ser brotada. Cada uno escribe su historia a partir de la siembra de buenos o malos frutos. “Ama y haz lo que quieras. Si callas, callarás con amor; si gritas, gritarás con amor; si corriges, corregirás con amor, si perdonas, perdonarás con amor.” San Agustín