Cargando indicadores...
Sucre Logo
Imagen del artículo
Opinión

Importancia del amor consciente

Olga Lucía Bustamante Madrid
Olga Lucía Bustamante Madrid
Columnista
29 de noviembre de 2025

Solemos creer equivocadamente que amar a otra persona es un simple galanteo que expresa admiración, hasta la idolatría ciega que compromete la voluntad

Por Olga Lucia Bustamante Madrid Solemos creer equivocadamente que amar a otra persona es un simple galanteo que expresa admiración, hasta la idolatría ciega que compromete la voluntad y la libertad. En definitiva, ninguna de los dos casos extremos es amor, solo es la manera en que socialmente acogemos un tema trascendental y maravilloso, hasta convertirlo en un flagelo enfermizo que coarta y envilece. Es que el amor consciente tiene su origen desde que estamos en el vientre materno. Cuando esos padres, - en algunos casos solo la madre-, con todas sus limitaciones y miedos, nos acogen con ternura deleite y esmero, compartiendo desde su corazón lo mejor de sí mismo, con reverencia y respeto, con extremo cuidado y responsabilidad. Intuyendo que cualquier tropiezo podrá ser superado por ese sentimiento puro y profundo. Es en ese momento cuando germinan algunas semillas, -de tantas-, dando paso al amor consciente. Y esa nueva vida se llena de fuerza para enfrentar la existencia que apenas comienza con valentía, sintiéndose aceptado y protegido. Es ese ser que percibe de manera incipiente que es valioso y capaz. Y a medida que crece, va desarrollando un carácter reflexivo y justo. El amor consciente es sensato, prudente y recto. Está guiado por una actitud de observancia y consideración que acepta, atiende, tolera y perdona cualquier impase en el camino. Aprecia el esfuerzo de otros por sobrevivir a sus dificultades, porque instintivamente reconoce en el otro su propia lucha interior y vulnerabilidad. No juzga ni se envilece calificando los errores de los demás, su sensibilidad le permite comprenderlos y aceptarlos como son. Sabe de compasión y resiliencia. Pero, ese amor también puede florecer en cualquier etapa de la vida, cuando se abre el corazón al cambio y se da paso a nuevas sensaciones que habían permanecido en vida incipiente embrionaria, esperando ser regadas y nutridas para surgir con todos sus beneficios. Es por eso que sabemos que fuimos creados por el amor perfecto de Dios con todo lo que significa esa paterna-materna raíz. En nuestro ser somos creadores porque podemos hacer germinar las semillas que queramos, porque la simiente siempre está disponible para ser brotada. Cada uno escribe su historia a partir de la siembra de buenos o malos frutos. “Ama y haz lo que quieras. Si callas, callarás con amor; si gritas, gritarás con amor; si corriges, corregirás con amor, si perdonas, perdonarás con amor.” San Agustín