
Humo blanco

Cuando un Papa muere, la Iglesia entra en sede vacante. Ya no hay quien ocupe la Silla de Pedro, y comienza un proceso que, paso a paso, conducirá a la designación del nuevo pontífice.
Por Selma Samur de Heenan Cuando un Papa muere, la Iglesia entra en sede vacante. Ya no hay quien ocupe la Silla de Pedro, y comienza un proceso que, paso a paso, conducirá a la designación del nuevo pontífice. Una de las primeras figuras en actuar es el cardenal que ocupa en ese momento el cargo de Camarlengo. Su tarea principal es administrar los asuntos del Vaticano mientras no hay Papa. Confirma oficialmente la muerte, sella las habitaciones papales, organiza los funerales y prepara lo necesario para que se lleve a cabo el cónclave. Luego comienzan las congregaciones generales, que son reuniones de cardenales donde se abordan temas sobre la situación actual de la Iglesia y lo que se espera del próximo Papa. No todos votan, pero todos pueden participar. Como norma general, el encierro riguroso de los cardenales comienza entre los días 15 y 20, después del fallecimiento del Papa. Los electores se alojan en la Casa Santa Marta, sin contacto con el exterior, y se reúnen en la Capilla Sixtina para votar. Cada día pueden hacerse hasta máximo cuatro votaciones, y para que alguno sea elegido, debe contar con al menos dos tercios de los votos. Al final de cada ronda, las papeletas se queman. Si no hay elección, el humo es negro. Pero cuando finalmente se alcanza un consenso, el humo se vuelve blanco, y con él llega la buena noticia. El elegido acepta, se cambia de vestidura y es presentado desde el balcón de San Pedro con el tradicional Habemus Papam. Lo que ocurra en este cónclave, que inicia el próximo miércoles, es de vital importancia. Esperemos que el nuevo Papa sea un pastor fiel al Evangelio, con claridad para enseñar; sabiduría y valentía para enfrentar las adversidades; fortaleza para defender la verdad, y humildad para escuchar lo que Dios pide al sucesor de Pedro en este tiempo. Que, por encima de todo, no busque agradar al mundo, sino ser instrumento dócil del Espíritu Santo. Que anime a quienes buscan a Dios y custodie las llaves que recibió. Porque lo que más se necesita hoy no es innovación, sino fidelidad. Que el Señor, en su misericordia, nos conceda un buen pastor que nos proteja de los males que se ciernen sobre la Iglesia y sobre el mundo entero.