
Herida disfrazada

Una psicóloga se esconde tras una máscara de contención y empatía, priorizando a los demás. El abandono personal y el cansancio la acechan, ¿cómo sanar?
Por Olga Hernández Bustamante Aprendiste con tanta maestría a moverte en medio del caos y de la crisis que construir una máscara no fue una opción sino una necesidad. En tu caso, la máscara está diseñada con sonrisas permanentes y análisis concienzudos y racionales de lo que sientes y la forma en que te relacionas con los demás. Tu máscara se armó, pieza a pieza, en cada momento en que el desborde emocional de los que te rodeaban te indicaba que había que pensar, analizar y controlarlo todo; que eso de sentir era potencialmente peligroso, que la emocionalidad era algo a evadir, porque siempre la viviste desde la crisis, desde el desborde, desde tener que ocupar por obligación y desde que tienes memoria, el lugar de la contención. Contener a los demás se volvió tu tarea y por la misma razón desarrollaste una enorme capacidad de empatía. Sabes ponerte en el lugar del otro y ser comprensiva y paciente con ellos, pero en ti hay una pequeña trampa en eso: te abandonas a ti misma en la misma medida en que te conectas con los demás; o, dicho de otra manera, aprovechas la conexión y atención hacia los otros para desconectarte de ti. Esa empatía los demás la valoran y usan a su favor, pero te pone a ti en el último lugar. Comprender a los demás y rescatarlos del abismo es básicamente tu función. Sabes lo que sientes, pero no sientes lo que sientes. No es un trabalenguas, es tu forma de protegerte. Decidiste ser psicóloga y llenarte de métodos y herramientas que te permitan contener y proteger a los demás, entregando y entregando, sosteniendo y sosteniendo, es lo que sabes hacer. ¿De verdad esperas ser vista y valorada por lo que eres si la mayoría del tiempo te estas escondiendo? Escondida tras la apariencia de la persona protectora esta tu propio cansancio y dolor. Con tu intuición amarrada de pies y manos porque eso de ser sensible no te lo puedes permitir. Pero el vacío sigue creciendo y lo sabes, esa separación de ti misma va pasando cuenta de cobro y sientes que no tienes fondos para pagarla. Caíste en la trampa de creer que, si te desvives por los otros, esos otros te van a acompañar y proteger, a cuidar y sostener, pero eso no está siendo así. Piénsalo de esta manera : Si ellos creen que no necesitas nada ¿Cómo crees que pueden darse cuenta de tu dolor? Tu máscara de fortaleza tiene a las personas cerca de ti convencidas de tu equilibro y control, de tu paz interior. Qué ironía, ¿no? Acoge las señales de tu cansancio y abandona poco a poco esa necesidad de protegerte. Si te mueves diferente, esa mascara puede resquebrajarse y salir a la luz lo que eres. Solo si miras tu herida de frente puedes empezar a sanarla. Deja ya de convencerte de que necesitas protegerte para sobrevivir.