
Hechos de Ayer

En 1936, el sacerdote Antonio Prieto San Román llegó a Sincelejo, Colombia, dejando un legado educativo y social. Fundó colegios, orientó sindicatos y su labor fue reconocida.
Por Aníbal Paternina Padilla El 16 de julio de 1936 llegó a Sincelejo procedente de Astorga España el ilustre sacerdote Antonio Prieto San Román, pionero de los Misioneros en Colombia. Su espíritu emprendedor lo llevó a los campos de la educación, al social, al de las técnicas aplicadas. Fue el artífice de varios colegios en Sincelejo, incluido el Instituto Simón Araujo del cual fue profesor y capellán durante 40 años, donde dejó una huella meritísima y una formación religiosa y social en la mente y el corazón de sus alumnos, sin contar su trabajo como orador y ministro, sus incursiones en el área social y preocupación constante por la juventud. El ilustre clérigo había nacido en 1896 y ordenado en 1921. A su llegada en nuestra tierra fue destinado en el vicariato del San Jorge; en 1935 es designado coadjutor en el Instituto Moderno del profesor Antonio Lenis. En 1952 el padre Prieto fundó el Instituto Córdoba en su viejo caserón de la Calle de las Flores, además de profesor de la Escuela Normal de Señoritas e Inspector Local de Educación en simultánea con el cargo de capellán del Batallón Cartagena crea una escuela nocturna para obreros de ambos sexos; orienta los primeros sindicatos constituidos en Colombia, funda en Sincelejo la Legión Femenina de Beneficencia fundó un sindicato católico cuando comenzaban las reivindicaciones del obrero y del campesino. Como reconocimiento a la obra del padre Antonio Prieto y cuando se encontraba con una grave dolencia de la que mejoró, el Ministerio de Educación nacional creó en Sincelejo el Instituto Técnico Industrial que llevó su nombre, con las modalidades de electricidad, mecánica automotriz, ebanistería, construcciones civiles, mecánica industrial y metalistería. Sincelejo, Sucre y toda la sabana se sintieron honrados con esa siembra misionera de la vida del Padre Prieto y con esa admiración que despertó durante su existencia en ese gesto divino en que se perpetuó su acción sacerdotal. Como maestro de varias generaciones tuvimos la dicha de recibir sus sabias enseñanzas en los claustros araugistas. El nunca olvidado prelado hizo su tránsito a la eternidad el 4 de octubre de 1989.