
Hacia la neuroética

La pandemia evidenció la importancia de la salud mental. Surge la neuroética, que examina el uso de la tecnología en el cerebro y plantea dilemas éticos sobre su aplicación en la sociedad.
Por: Remberto Burgos de La Espriella. Hemos vivido una emoción conjunta, global y todos nos encajamos con ella. La pandemia nos afectó y vamos a salir de ella siendo superiores o menos buenos. Hoy entendemos mejor el concepto salud y la división infantil, entre física y mental, no tiene sentido. De que sirve haber superado la crisis del COVID-19 si me encuentro solo, angustiado, deprimido y sin deseos de vivir. Se atendió con dedicación y esmero la salud física, se descuidó la salud mental. Los antidepresivos, como los picos de la pandemia, se dispararon y hoy tenemos un porcentaje alto de la población consumiéndolo. Y en este clima que la ansiedad produce pensamos en el cerebro. ¿En sus normas y reglamentos? ¿En la ciencia y tecnología que lo descubren? Los adelantos que avanzan con sus aplicaciones y en el grupo de personas que se benefician. La neuroética se define “como el examen de los que es correcto o incorrecto, bueno y malo, en el tratamiento clínico o quirúrgico y en la manipulación del cerebro humano. (Safire,1978). Se concentra esta precisión en el aspecto ético, legal y social de los hallazgos que intervienen con la fisiología del cerebro. Es el buen o mal uso de la tecnología en que navega el sistema nervioso. Para su comprensión se ha dividido en dos grandes ramas: fundamental y neuroética aplicada. El estudio del conocimiento de las funciones cerebrales y las imágenes en vivo nos han permitido entender más la forma como se conecta el cerebro. Surge una pregunta al respecto: es correcto medirlos ¿Sería legítimo utilizar estudios como preselección de empleo, antes de ocupar un cargo público o como explicación de un delito en un juicio penal? La neuroética fundamental responde los conceptos de autonomía, libre albedrio e intencionalidad. La neuroética aplicada se ocupa de llevar a cabo las investigaciones, sus aplicaciones y uso terapéutico en el área de las neurociencias. Vela en todos los casos por el respeto absoluto de la beneficencia y abre el debate para generar consensos. Es oportuno reflexionar sobre la neuroética, pues ella se ocupa del cerebro, órgano encargado de nuestras percepciones, conciencia y sueños… El conocimiento y sus manipulaciones hace parte quizá de lo sagrado y privativo del ser humano. Abrir un espacio para mirar la conducta humana y tratar de comprender a los individuos como personas y a las sociedades como organización es uno de los ejercicios académicos de mayor rigurosidad que no debemos olvidar. La ciencia y sus descubrimientos diarios no se detienen, caminan imparables y quizá la neuroética les exige pausa en alguno de sus hallazgos, mientras nosotros, utilizando los reglamentos existentes y las normas éticas vigentes, tratamos de encontrar los beneficios de esta nueva inspiración. La neuroética en neurociencias hace parte del dominio académico que los practicantes del área deben alcanzar, pues sin estos lentes vendrán muchos desaciertos. Diptongo: unos días en paz y con mucho entusiasmo para el 2023.