
Gobernanza y legitimidad de la democracia

La gobernanza, clave para un buen gobierno, contrasta con la desigualdad persistente en Latinoamérica. Transparencia, participación ciudadana y rendición de cuentas son cruciales para fortalecerla.
Por Manuel Cadrazco Martelo Desde hace algunos años, en la academia, las nociones “gobierno” y “gobernanza” tienden a oponerse: el término “gobierno” es reservado al poder jerárquico, a la autoridad del Estado y a las concepciones centralistas, en tanto que, la “gobernanza” sugiere una nueva modalidad, horizontal, de la gestión del poder. Sin embargo, en la práctica, y la academia también lo ha sugerido, ambas cosas deben ir de la mano y complementarse: para que haya un buen gobierno debe haber gobernanza; que en últimas es lo que consolidad la relación estado-ciudadano. A pesar de décadas de gobiernos democráticos y reformas políticas, la desigualdad económica en América Latina sigue siendo una realidad, por ejemplo. Las disparidades han perdurado durante los últimos 30 años, incluso en democracias relativamente estables como Chile, Colombia y México. En teoría, las democracias que funcionan bien deberían abordar los problemas sociales y económicos mediante políticas orientadas en torno al gasto, la tributación, los programas sociales y la inversión en educación. No obstante, en América Latina, estos mecanismos no han tenido la contundencia necesaria. Ahí es donde entra la gobernanza, para lograrla, es imprescindible garantizar la transparencia en los procesos decisionales, permitiendo el acceso público a la información gubernamental. La participación ciudadana debe ser institucionalizada, asegurando la inclusión de diversas perspectivas en la formulación de políticas. La rendición de cuentas es crucial, con mecanismos robustos para supervisar y evaluar el desempeño de funcionarios y líderes; también, la integridad y la implementación de políticas basadas en evidencia son esenciales para fortalecer la confianza y la eficacia del gobierno. Otro elemento válido, que también he mencionado en ocasiones anteriores, es que la innovación en la gestión pública es un componente vital para enfrentar desafíos complejos y dinámicos. Hechos como los sucedidos el pasado domingo en Venezuela son el perfecto ejemplo de una gobernanza quebrada y una democracia sin legitimidad en la gran mayoría de la comunidad internacional. Así, como he expresado, es muy difícil que políticas públicas se planeen de manera efectiva; es decir, cuando hay un manto de duda en quien las implementa y quien las difunde. Y desde la concepción lógica de la democracia se deben cuestionar acciones como las llevadas a cabo en ese país. El camino en este caso y en otros, es consolidar una gobernanza fuerte, legítima y que a su vez estos elementos fortalezcan el sistema democrático, no lo contrario.