
Gaitán: 75 años, descansa en paz

En el 75 aniversario del asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, recordamos su legado. Un crimen que convirtió su figura en eterna, un héroe cuyo recuerdo sigue vivo en el corazón del pueblo colombiano.
Por: Édgar Arrieta González Año 2023, 75 años del vil asesinato de Jorge Eliecer Gaitán, crimen tremendo, pero, inútil, fue transformar su carne temporal en bronce eterno, fue tan absurdo, tan inútil como asesinar la mañana o disparar contra la luz del sol, fue tan necio como matar un pueblo. Porque Gaitán era pueblo. Y el pueblo es eterno, invulnerable y avasallante. Ese tiempo necesitaba un héroe y lo tuvo en Gaitán. Poderoso en su debilidad de hombre inerme, con pasión de enamorado y devoción de creyente; domino todos los sectores de la lucha civil y predicó la necesidad de la disciplina, honestidad y del estudio como instrumentos para dirigir a los pueblos desde el poder; practicó la convivencia y desecho la anécdota para buscar las causas trascendentales, la explicación de nuestros males y las formulas para su remedio. A los años de la muerte de Gaitán, los colombianos amantes de la libertad no podemos menos que dejar caer sobre su recuerdo fecundo, abierto como una flor en el alma sencilla del pueblo, nuestra palabra de emoción y respeto. Y allí estará siempre su muerte trágica y su leyenda controvertida. Y sobre la tierra colombiana su nombre dilatará la fe de los humildes; evocar su memoria es tanto como revivir su figura. La inmolación tiene la virtud de abultar el recuerdo. Si el sacrificio tiene jerarquía de martirio, queda abierta la ruta para la eternidad. Los hombres de todos los partidos le rendimos en el fondo de nuestros corazones un cálido homenaje. Como el verso de Pablo Neruda a Miguel Hernández, también podríamos decir “Nadie te ha olvidado. Aquí te llevamos todos en mitad del pecho”. Las balas asesinas que el 9 de abril de 1948 apagaron su vida, quedado resonando en el corazón de los colombianos como un augurio trágico. Baldíos resultaron los esfuerzos del héroe impar por frenar los ímpetus homicidas de la oligarquía, con palabras de reflexión serena, transidas de preocupación por el destino de Colombia y en que proponía fórmulas civilizadas para dirimir la contienda política. La vida de Gaitán quedó encomendada a las balas de un demente y él fue derecho a la cita con su destino, con la fría serenidad de quien se ha dado por entero a su pueblo y a su idea. Fue un héroe sin miedo y sin tacha. Rindámosle tributo por el sacrificio de su vida aportando nuestro grano de arena haciendo realidad tangible lo que para él fue aspiración agónica.