
Futuro sin futuro

En el siglo XIII, Federico II probó la crueldad de la falta de afecto. Hoy, la deshumanización y la tecnología amenazan nuestra conexión humana. ¿El amor, en peligro de extinción?
Por Olga Lucía Bustamante Madrid ¿Hasta dónde osará llegar la mente humana? Federico II rey del imperio Romano germánico siglo XIII, ordenó que 30 recién nacidos estuvieran al cuidado de nodrizas experimentadas, con los mejores cuidados. Debían evitar el contacto físico, visual, auditivo y afectivo con el bebe. Esto con el fin de saber qué idioma hablarían. Solo los podían alimentar y asear sin un mínimo gesto de afecto. La carencia afectiva total, dio como resultado: la muerte de todos los niños. Lo mismo pasó en muchos orfanatos que existieron en la post guerra. ¿Cómo un hombre excéntrico, extremadamente inteligente, que hablaba 9 lenguas, con conocimientos en filosofía, astronomía, matemáticas, medicina y ciencias naturales, era tan insensible y cruel? Lo único que deduzco es que la inteligencia sin amor es una bomba de tiempo. La energía del amor abraza, besa, mira, habla, ríe y siente. En los primeros años de vida activa todas las células del cuerpo y aviva el alma. Estimula los mejores sentimientos y aumenta la sensación de seguridad. El afecto es tan vital como respirar. Las expresiones de comunicación y de conciencia afectiva generosa, son necesario en todas las etapas. Somos seres sociales que solo sobrevivimos compartiendo el calor humano que se deriva de una sonrisa, una palabra o gesto de estímulo y aceptación. Pero esto no es un tema de la antigüedad. Hoy, el emperador de la virtualidad, es quien mata el amor, la convivencia, la solidaridad, detiene el movimiento, el servicio. Los aparatos no enseñan de fraternidad, no nutren el amor propio, bloquean el tiempo que se puede emplear para compartir. Un magnate de la tecnología responde ante la pregunta de un Psiquiatra: ¿Cuál es una amenaza para su negocio? El sueño. Mientras las personas duermen dejamos de producir ganancias. Tan crueles hoy, como lo han sido muchos locos a lo largo de la historia. Las nuevas tendencias organizacionales intrafamiliares están anulando parentescos tan bellos como necesarios. Si no tengo hijos, no existen hermanos, desaparecerán los tíos, primos, sobrinos… y abuelos…y nietos. La privación emocional genera bloqueo, malestar y miedo. Estamos comprando un boleto hacia la soledad y finalmente la extinción. En muchos hogares hoy sobra comida, lujos y tecnología… ¿Para qué? Por qué no nos atrevemos a hacer un alto para reflexionar seriamente el futuro que le espera la humanidad. ¡Es una guerra declarada a la vida! ¿A quién le interesa un planeta sin vida, deshumanizado y sin niñez?