
Frente al acoso laboral

Decir “no”, debería ser simple y suficiente. Sin embargo, para muchas mujeres en el entorno laboral, ese pequeño “no” se convierte en un acto de valentía y resistencia frente a un sistema que no siempre las protege.
Por Susana Viera Decir “no”, debería ser simple y suficiente. Sin embargo, para muchas mujeres en el entorno laboral, ese pequeño “no” se convierte en un acto de valentía y resistencia frente a un sistema que no siempre las protege. Cuando una mujer rechaza las pretensiones de un jefe o superior, no está negándose a un romance, está defendiendo su dignidad, su espacio y su derecho a ser valorada por su trabajo. Pero para algunos hombres que ostentan posiciones de poder, ese rechazo hiere su orgullo y les resulta difícil aceptarlo con madurez. Así comienza, en demasiados casos, un patrón silencioso de acoso a una mujer, con la indiferencia ante sus ideas, la desvalorización de su aporte y la presión constante para doblegar su voluntad. Es comprensible que una persona pueda sentirse atraída por alguien con quien trabaja, pero la verdadera hombría y el verdadero liderazgo, consisten en aceptar un rechazo sin convertirlo en amenaza o castigo. La amabilidad de una mujer no debe interpretarse como una invitación. Muchas veces es solo un gesto de profesionalismo, respeto o empatía. Lamentablemente, muchas mujeres temen expresar su rechazo con claridad por miedo a represalias, a perder su empleo o a ser catalogadas como “problemáticas”. Esto genera situaciones confusas en las que la mujer, consciente del riesgo, opta por no confrontar abiertamente, cediendo solo en gestos mínimos comoun silencio obligado, una sonrisa forzada, una respuesta evasiva, para protegerse de un entorno hostil. Pero en privado, el “no” permanece intacto y firme, aunque se vea opacado por el miedo o la presión. Y es ahí donde algunos abusadores manipulan, usando esos gestos ambiguos para justificar su conducta y poner en entredicho la palabra de la víctima. Mí triada, una propuesta personal para las mujeres que enfrentan esta vulnerabilidad, se resume en 3E: entereza, elección y emancipación. Entereza, para mantener la verdad propia, sostener el “no” interior aun cuando las circunstancias obliguen a mostrar otra cosa en público; es una resistencia silenciosa y valiente. Elección, porque aunque el miedo existe y a veces paraliza, la dignidad no se negocia. Un “no” nunca se vuelve “sí” por conveniencia o presión. Denunciar o no hacerlo es una decisión personal y valiente, que debe ser respetada sin juzgar. Emancipación, para romper el ciclo donde la palabra de la víctima se deslegitima mediante la manipulación. Es liberarse de la culpa impuesta y reivindicar el derecho al respeto y la igualdad como normas inquebrantables en los lugares de trabajo. Los jefes y líderes deben entender que el verdadero poder consiste en respetar límites, aceptar un “no” con madurez y actuar con responsabilidad. Como dijo Chimamanda Ngozi Adichie: “No se puede pedir permiso para ser quien eres, ni permitir que el miedo decida por ti.” Un “no” debería ser el fin de la conversación, no el comienzo de un enfrentamiento.