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Opinión

Formas de perdón e impunidad

Selma Samur de Heenan
Selma Samur de Heenan
Columnista
29 de junio de 2025

Existen formas de exonerar a alguien de una culpa ya comprobada: la amnistía y el indulto, concedidos por una autoridad humana, y el perdón divino, otorgado por Dios.

Por Selma Samur de Heenan Existen formas de exonerar a alguien de una culpa ya comprobada: la amnistía y el indulto, concedidos por una autoridad humana, y el perdón divino, otorgado por Dios. Las dos primeras son figuras jurídicas que liberan de la pena sin mayores exigencias. La tercera requiere arrepentimiento, reparación y propósito de cambio. Aquellos borran la consecuencia legal; éste transforma el corazón. El indulto o la amnistía se conceden mediante normas estrictas reguladas por la Constitución que contiene procedimiento, motivación y límites. En Colombia, se pretende instaurar otra vía, que es confusa y peligrosa, porque se trata de una forma de impunidad disfrazada de justicia restaurativa, que desdibuja el delito, distorsiona el lenguaje y debilita la noción misma de justicia. Autorizar que personas privadas de la libertad participen en eventos públicos, con acceso a teléfonos celulares y micrófonos, desde los cuales atacan abiertamente a autoridades legítimamente constituidas es inadmisible. Pero justificar el hecho invocando un supuesto “principio universal de la justicia”, según el cual quienes están presos ya no serían delincuentes, sino personas en rehabilitación, es alucinante. No existe tal principio, ni en el derecho internacional ni en la jurisprudencia de país alguno. Una persona condenada por un delito es, por definición legal, un delincuente mientras no haya cumplido su pena o esta no haya sido revocada por vía judicial. Que conserve derechos humanos, no anula su responsabilidad penal. Que acceda a un programa de resocialización, no significa que su condición delictiva haya desaparecido. El lenguaje importa, porque cuando se manipulan las palabras se distorsiona la realidad. Confundir rehabilitación con inocencia, o indulgencia con impunidad, es un camino peligroso para cualquier sociedad. El hecho de escribir sobre algo que ya todo el país conoce, tiene como único objetivo dejar constancia de que son demasiadas las voces de alerta que ya hemos recibido. No se trata sólo de un abuso de poder, ni de una simple confusión terminológica. Se trata de un patrón de manipulación del lenguaje con debilitamiento de la ley y degradación de la verdad, que nos está llevando a aceptar como normal lo que debería escandalizarnos. Reconozcamos el peligro evidente que nos acecha, y preparémonos para alejarnos con plena conciencia, de todo lo que representa esta forma de Gobierno y sus prácticas. No es una cuestión de ideología, sino de lucidez moral. ¡Callar o justificar es participar!