
Ferias de Sincelejo

En la primera década de la primera mitad del siglo XX se iniciaron los importantes certámenes ganaderos en Sincelejo que tuvieron como sostén y base principal la organización de la Federación de Ganaderos de Bolívar, contando con un predio muy amplio de unas 30 hectáreas al final de la vieja calle de las peñitas. Estaba dividido en varios potreros con suficientes aguadas, casas y corrales abundantes, con servicio de báscula, agua y luz.
En la primera década de la primera mitad del siglo XX se iniciaron los importantes certámenes ganaderos en Sincelejo que tuvieron como sostén y base principal la organización de la Federación de Ganaderos de Bolívar, contando con un predio muy amplio de unas 30 hectáreas al final de la vieja calle de las peñitas. Estaba dividido en varios potreros con suficientes aguadas, casas y corrales abundantes, con servicio de báscula, agua y luz. Allí se transaron permanentemente operaciones de ganado de levante por espacio de varios años antes de que en el fondo del citado predio se construyera la plaza de toros. Los eventos se hacían cada 30 días, y en alguna época de mucha demanda de terneradas se efectuaban hasta dos veces por mes. Cada reunión movilizaba centenares de reses con las cuales se surtían las haciendas de las antiguas sabanas de Bolívar, del San Jorge y el Sinú. Las reuniones ordinarias se celebraban además cada año en el mes de agosto, así como las ferias exposiciones de ganado cebú, que llegaron a tener renombre internacional. A Sincelejo mandaban ganado seleccionado de famosas ganaderías de Texas para mostrarlo y vender a los cubistas nativos que por entonces ostentaban el mejor cebú de Colombia. Las más renombradas ganaderías de Sincelejo y la sabana eran las de Julio C. Martínez, Hacienda Cacahual de los señores Arturo Martínez y Enrique Vergara; Fagil y Ghisays y su Hacienda Villa Rosita; Juan Vergara e hijos y Navas hermanos. Las famosas ferias de ganado de levante en Sincelejo fueron decayendo poco a poco por factores inexplicables, pues si bien es cierto que los precios que registraban eran los más altos en las poblaciones o haciendas de la sabana, seguían ofreciendo comodidad de poder comprar en un solo día cualquier cantidad de ganado chico de la edad y calidad que se deseara, y la economía de tiempo y de trabajo justificaba pagar unos pesos de más. Hoy recordamos a distinguidos ganaderos de aquellos años como Arturo García y sus hijos, José Joaquín y Luis Arturo, Enrique y Rafael Zamudio, Antonio guerra e hijos, Juan Parra y el Fondo Ganadero de Caldas que sobresalieron como compradores. Como vendedores se distinguieron Juan Perna Mazzeo, Manuel Nule, Arturo Samur, Domingo Fernández, Eustorgio Alcocer, Andrés Romero Barrios, Horacio Castañeda y José Quesep entre otros. [email protected]