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Opinión

Fenomenología de la vida cotidiana

Olga Leonor Hernández Bustamante
Olga Leonor Hernández Bustamante
Columnista
3 de agosto de 2024

La fenomenología, accesible para todos, invita a explorar la experiencia cotidiana. Deja atrás conceptos y vive tus sensaciones. Reconócete en el cuerpo y emociones para una vida auténtica.

Por Olga Leonor Hernández Bustamante Pido disculpas a los esencialistas de la fenomenología. Si, a aquellos que encuentran en los textos y tratados de autores clásicos una zona cómoda y que envuelven esta noción de complejidad y conceptos que hacen que el resto de los mortales consideremos esto como algo inaccesible y por lo tanto innecesario para poder simplemente vivir. El poder de la fenomenología está justamente en lo contrario. Despojarse de conceptos, ideas y nociones anteriores a nosotros y aprestarse a hacer una lectura de las vivencias, del sentido que otorgamos y que envuelve lo cotidiano, es decir, la experiencia que somos. Hacer esto concentrado en los manuales no solo es de entrada contradictorio, sino que nos aleja todo el tiempo de la experiencia misma, evaluando y valorando si estamos acercándonos a la experiencia como supuestamente debe ser, comprendiendo que una vez que introducimos los deberías en la vida cotidiana, la llenamos de condicionantes. No necesitamos haber cursado un doctorado o maestría para acercarnos a nuestro propio mundo, la forma en que lo experimentamos, nuestras vivencias cotidianas. Para esto, necesitamos poner nuestra existencia, nuestra experiencia vivida y el cuerpo en el núcleo. Reconocer todo lo que somos y sentimos en esa pequeña sensación de agitación en el estómago cuando estamos frente a una situación particular. Observarnos en el movimiento de las manos que no hacemos de forma intencional, pero que surge cuando me siento asustada. Clarificar lo que sentimos cuando comprendemos que ese no sé qué, no sé dónde, que estamos sintiendo hace un tiempo no es otra cosa diferente a rabia y frustración. Es prestarle atención a la experiencia misma, a la prisa que se nos hace evidente cuando notamos que estamos comiendo de afán, o a la incomodidad cuando sentimos algo que consideramos inaceptable, o el peso en el corazón cuando decidimos renunciar a algo. Tenemos como tarea interrogar el mundo de la vida cotidiana sin dar nada por descontado. Sin asumir lo que algo es antes de experimentarlo, sin desconocer nuestras emociones, o ese pensamiento irreverente que se nos pasa por la cabeza y nos avergüenza. Es reconocernos, todo el tiempo vivos, sabiendo que lo que somos no se aleja de la manera en que pensamos y sentimos. Que nuestras sensaciones en el cuerpo nos acercan a nuestras vivencias auténticas. Que la corrección y los estándares morales muchas veces nos inhiben de sentir lo que realmente sentimos, de pensar lo que realmente pensamos, de movernos en dirección a aquello que realmente queremos. Todos somos testigos de nosotros mismos. Todos podemos, si nos lo permitimos, acercarnos de lleno a lo que realmente deseamos. Lo que somos está ahí, esperando ser visto y en terapia hacemos esa tarea. Ojalá encuentres un terapeuta que, más allá de las técnicas y conceptos, te acompañe a ser un buen lector de lo que eres y sientes a cada momento.