
Experiencias vividas

Tras cinco años, Bibiana María Guerra cierra un ciclo en el Departamento Nacional de Planeación (DNP). Reflexiona sobre logros, desafíos y la pasión por el desarrollo urbano y el agua potable, dejando un legado clave.
Por Bibiana María Guerra De Los Ríos El fin de un año marca la culminación de propósitos y ciclos. Otro año queda atrás y con él muchos éxitos y metas logradas, así como temas inconclusos. Este 31 de diciembre, luego de casi cinco años, cierro un ciclo en el Departamento Nacional de Planeación (DNP), el sueño de muchos economistas y el lugar donde aprendemos a que “nos quepa el país en la cabeza”. A finales de 2019, al terminar mi maestría y unos meses antes de que comenzara la pandemia, mi deseo era quedarme un par de años en el exterior adquiriendo experiencia profesional en algún organismo multilateral, otro de mis tantos sueños profesionales. Pero las cosas no dan como uno quiere. Así que, de regreso al país, comencé la búsqueda de un nuevo trabajo. Recuerdo que la entrevista en el DNP fue justo el día de mi cumpleaños, el 19 de diciembre. Ese día, quien sería mi jefe me ofreció un puesto en la Subdirección de Agua y Saneamiento. Aunque inicialmente tenía en mente temas de desarrollo urbano, acepté. En enero de 2020 inicié en el DNP, una “entidad que funge como brazo técnico del gobierno nacional y espejo de la rama ejecutiva”. Me integré a un equipo compuesto por personas altamente técnicas, preparadas y expertas en la materia que se conocían entre sí o que habían trabajado juntos anteriormente. Llegué con pocos años laborales y me uní a un grupo ya consolidado. Consciente de ello, los jefes que tuve supieron ubicarme de forma estratégica, permitiéndome aportar de la mejor manera, por lo cual les estaré siempre agradecida. Como alguien me uno de ellos recientemente: “Tu condición rara (generalista, no ingeniera, organizada y con habilidad para escribir) resultó ser muy útil”. Me retiro por varios motivos, principalmente porque siento que, efectivamente, he cumplido mi ciclo. Parto dejando una tarea de gran relevancia para el sector y para el país, con la esperanza de que se logre al 100% de lo planeado. El gobierno nacional apuesta por un legado en el sector de agua potable y saneamiento básico. Durante los últimos tres meses trabajamos intensamente con actores nacionales y territoriales con el único propósito de cerrar brechas y alcanzar la universalidad en el acceso a estos servicios esenciales, especialmente en los municipios más rezagados. No es una tarea fácil: es una deuda histórica que no admite demoras. Sin embargo, hemos logrado sentar a todos los interesados en la misma mesa, lo cual ya es un gran avance. Durante mi paso por el DNP, reafirmé mi pasión por las ciudades. Me enamoré de la economía circular, afiancé mi conocimiento sobre temas ambientales, recordé que el desarrollo empieza por la “A” de agua, y confirmé la importancia de los datos y de la cooperación internacional. También entendí el valor del trabajo conjunto entre entidades nacionales y gobiernos locales. Reconozco que me emocioné al saber que avanzaríamos hacia la eliminación de la estratificación socioeconómica para implementar un sistema más moderno y realista, basado en ingresos y no en inmuebles. Hacer cambios estructurales y radicales no es fácil, por más voluntad que exista. Cierro este ciclo con gratitud y la certeza de que los aprendizajes y experiencias vividas en el DNP quedarán conmigo como un legado invaluable. El desafío ahora es explorar nuevos caminos y seguir trabajando por las ciudades y el país, desde otras orillas.