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Opinión

Evocación de Pompeyo

Aníbal Paternina Padilla
Aníbal Paternina Padilla
Columnista
13 de noviembre de 2024

Pompeyo Molina, poeta nacido en Sincelejo, cautivó con su poesía emotiva y profunda. Ganador del premio Caléndula de Plata, su obra evoca paisajes y personajes de su tierra natal.

Por Aníbal Paternina Padilla La presencia de Pompeyo Molina en el mundo emocional de la poesía nos brinda la excelsitud creadora, emotiva y profunda, la que nos hace vivir la fluidez temperamental de un elemento inconforme, complacido únicamente en crear el verso puro y milagroso. Nacido en Sincelejo en 1906. Estudió en esta ciudad, Cartagena y Bogotá. Ganó el premio Caléndula de Plata en los Juegos Florales (concurso literario) de Sincelejo en 1925 con sus poemas Elogio a mi ciudad, Mi pueblo con nostalgia al fondo y Nostalgia. Al recibir el codiciado galardón dijo estas palabras: “De manos del notable Jurado calificador del gran torneo literario y de vuestra ilustre alteza, princesa Ana Cristina, recibo esta simbólica Caléndula que guardaré como el mejor recuerdo. Al honorable Jurado, y a vos, señora augusta, os doy las gracias y sabré guardaros eterna gratitud. Ahora dispensadme el honor de escuchar mis versos. Al escribirlos reconocí mi pequeñez intelectual y vacilé un instante, pero después oí que desde el fondo del alma la voz autoritaria de la sinceridad que decía: Canta a tu tierra porque tu tierra es tuya, y le canté a mi tierra porque mi tierra es mía. Pompeyo se inspira en las espigas nacientes del agro; en las vacadas soñolientas, en los paisajes que se quiebran sobre las colinas, en los atardeceres tropicales y en las montañas límpidas de abril, como Albor Semain, y compenetrado con la naturaleza, canta los poemas primigenios de sabor regional saturados de ironía, donde se destacan los motivos autóctonos, los personajes ambientales, las campesinas alegres con los atuendos típicos de la región, ataviadas de muselina y flores montaraces.   En este ambiente se desliza la juventud del poeta, el romanticismo de los primeros años, la ilusión amorosa como acuarela sentimental y lírica, el beso de la amada, el adiós envuelto en las lágrimas de la adolescencia. Y se va el bardo a la altiplanicie. Desde allí rememora los inmensos días de su lejana tierra sincelejana. La reconstruye con todas las ansias del retorno, el eco de las esquilas del campanario de la vieja iglesia de San Francisco, la pila bautismal donde lo bautizara el padre Pascual. Rememora el Pozo de Majagual, el loco Dámaso, a Cabío, Peluca. Canta el dolor social, la tragedia de los mendigos, los hijos de la gleba, errantes y sin patria. El gran Pompeyo murió en Bogotá en 1954.