
Evadir

La autora revela su lucha por mostrarse auténtica, escondiendo sus emociones tras una armadura. El cansancio la lleva a buscar la autenticidad en terapia, anhelando ser vista y valorada.
Por Olga Leonor Hernández Bustamante Y es que me di cuenta de algo. Que evito decir las cosas, incluso aquí, en terapia. La vez pasada que estuve contándote lo de la moto nueva, lo hice porque no quería hablar de mí, de lo que estaba sintiendo. Y eso hago siempre, evadir, dar vueltas, mostrarme solo un poco, con la ilusión de que la otra persona me vea completa cuando yo solo me muestro a medias. Me muestro a medias y quiero ser vista. Eso es como contradictorio ¿No? Es que me cuesta trabajo aceptarte todo lo que en realidad pienso y siento. Esto de sostener esta capa protectora me tiene agotada. Tú sabes que la ropa que uno usa mucho termina dañándose y rompiéndose ¿Cierto? Bueno, pues aquí es al revés. Mientras más me disfrazo, más dura y fuerte se convierte esa armadura, menos sale y menos entra. Más me escondo y menos me ven, cuando lo que realmente deseo es poder ser autentica, vista y valorada. Me he criticado a mí misma tantas veces que creo que voy por la vida asumiendo que si los demás se detienen realmente a verme, no les quedaría más remedio que desilusionarse de este caos de persona que creo que soy. Si, entiendo lo que me dices, estoy pensando por los demás, estoy poniendo en ellos lo que realmente siento y pienso yo de mí. Aquí la cosa es que no me miran, pero yo tampoco me dejo ver, este es un juego de nunca acabar, como ese del dinosaurio que funciona sin conexión, cuando el internet está caído. ¿Qué hizo que me atreviera a aceptarlo contigo? Creo que es puro cansancio y además, estoy gastando este tiempo en contarte puras historias sin sentido. Soy una persona que todos reconocen como expresiva, nadie a quien le preguntes te va a decir que soy callada o tímida. Sin embargo, hay un pequeño engaño que los demás no han notado y es que hablo y digo todo lo que pienso, pero nunca hablo acerca de lo que siento, de lo que me pasa por la cabeza y el corazón. Soy experta escondiendo emociones al mismo nivel que soy experta expresando opiniones. No puedo seguir usando este espacio para evadirme. Siento que frente a usted puedo mostrarme completa, que la vergüenza que me habita usted la puede recibir amorosamente y ayudarme a romperla y cuestionarla, pieza por pieza. Me cuesta mucho, pero quiero ser vista y sé que aquí lo puedo hacer. Usted me dijo una vez que aveces uno juega al escondite y cree que los otros están en el ejercicio de encontrarnos, pero no es así. Cada uno recibe del otro lo que este desea mostrar. Dejar de evadir es disponerme a entregar, pero también a recibir. Es también abandonar la idea de que mi peso seria insostenible para los demás. Ahora que lo pienso, tal vez peso tanto porque nunca he soltado nada.