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Opinión

Estrategias de una ciudad sostenible

Manuel Cadrazco Martelo
Manuel Cadrazco Martelo
Columnista
21 de agosto de 2024

La falta de árboles en ciudades como Barranquilla y Sincelejo evidencia una necesidad urgente. Los árboles mitigan el calor, absorben CO2 y su siembra es clave ante la crisis climática.

Por Manuel Andrés Cadrazco Si se está un día cualquiera a las 12 del medio día en el Malecón del Rio en Barranquilla, o en la avenida Las Peñitas de Sincelejo, notará que ambos corredores tienen algo en común: la falta de árboles. Hace un tiempo se volvió viral una fotografía cuando inauguraron la estatua de Shakira en el malecón, de un perro que se refugiaba del sol de medio día del caribe bajo la estatua, denotando que, aunque parezca algo sencillo y de sentido común, los árboles harían la diferencia. Hoy en día, los árboles nunca han sido tan importantes para nuestras ciudades. Los necesitamos. Y no solo por sus efectos positivos en la reducción del estrés o por sus atributos estéticos, sino también por varias otras razones. Sobre todo, para mitigar los efectos de la actual crisis climática. Los árboles absorben CO2, pero también tienen la fascinante capacidad de reducir la temperatura en la ciudad y prevenir la formación de islas de calor urbanas simplemente con su existencia. Un estudio realizado por la Universidad de São Paulo encontró que los árboles pueden reducir las temperaturas en áreas urbanas hasta en 2-8 grados Celsius, dependiendo de la densidad y el tipo de vegetación. Además, en la Ciudad de México, se ha demostrado que las áreas con abundante cobertura arbórea son hasta 7 grados Celsius más frescas en comparación con áreas sin vegetación. El ejemplo más palpable en Ciudad de México es el icónico paseo de la reforma. Como medida de política pública, ya se tiene definida la acción a implementar, que es la siembra de árboles, pero esto debe ir acompañado de medidas como selección adecuada de especies; no todo árbol crece en todo lugar, una selección estratégica de los lugares de la ciudad mediante la planeación urbana, y el mantenimiento de estos. Cuando el árbol se planta en la ciudad, siguen años de mantenimiento, especialmente los primeros años. Durante los años siguientes en la vida del árbol, es necesario un mantenimiento y cuidado regular. Por ejemplo, tareas como la poda, el riego, el manejo de plagas, así como inventarios para asegurarse de que el árbol esté sano. Además, la gestión de riesgos también es necesaria, especialmente para árboles viejos y enfermos. Cuando se habla de medidas de planeación urbana, ciudades como las nuestras en donde las temperaturas son altas, una política de siembra de árboles surge como una medida eficiente y necesaria.