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Opinión

Escena

Olga Leonor Hernández Bustamante
Olga Leonor Hernández Bustamante
Columnista
22 de febrero de 2025

Un relato desgarrador explora la lucha contra el maltrato psicológico. El autor describe el constante señalamiento y la manipulación, cuestionando su propia valía.

Por Olga Leonor Hernández Bustamante Me señalaba con la mirada y afirmaba que yo era la peor persona del mundo, grosero, mal agradecido, desconsiderado. Yo te juro que no estaba hablándole mal, pero sucede que el hecho de no estar de acuerdo con ella ya me convertía automáticamente en la peor persona del mundo. Poco a poco las cosas se fueron saliendo de control. Yo intenté mantener la calma y contrarrestar en palabras todas las afirmaciones negativas que iba haciendo respecto a mí. Era un evento familiar y como no la dejé que me usara como tema de conversación, como no quise permitir que me mostrara como el causante de todas sus penas y desgracias, se sintió ofendida … “¿Si ven? ¿Si ven lo que tengo que aguantarme? ¿Si ven como me habla? Si yo no estaba diciendo nada que no fuera verdad y miren lo que tengo que aguantar, así es siempre, un día de estos me voy a morir y la culpa entera será de él” … ¿Entonces tengo que dejar que diga todo eso de mí? ¿Será que realmente soy así de malo e indeseable? Yo no me siento una mala persona, pero me lo repite tanto que lo estoy dudando. ¿Sabes lo que se siente crecer sintiéndote culpable por solamente existir? No hay nada que yo pueda hacer que le parezca bien hecho, todo tiene cosas por mejorar. Solo si me someto a su voluntad y me vuelvo invisible se siente feliz y plena. Pero yo no puedo seguir haciendo eso, el costo ha sido mi ansiedad y depresión, el costo ha sido el estar ahí, girando como un satélite alrededor del sol, el costo está en silenciarme y cargar con este peso en los hombros todo el tiempo, que me lo han diagnosticado como cervicalgia. … Pero me perdí, disculpa. Tengo muchas cosas en la cabeza. Las miradas de desaprobación se fueron multiplicando en la mesa y te juro que pude sentir la tensión en mi cabeza a punto de explotar. A medida en que le pedía que dejara de decir esas cosas, a medida en que le decía que las cosas no eran como las estaba diciendo, que por favor no me siguiera dejando frente a los demás así de mal, en esa misma medida ella decía “¿Si ven? es que es esto. Me manda a callar. Ahora resulta que no puedo hablar ni siquiera en mi propia casa”. Ya de ahí lo recuerdo todo de forma confusa. Sé que grité y lloré, sé que la gente me acusaba de exagerado y malagradecido. Sé que dije cosas ofensivas producto de toda esta rabia, dolor y heridas. Me convertí en el hijo enfermo y loco que ella necesitaba mostrar. ¿En realidad soy así de malo? ¿En realidad mi existencia es causante de todo su dolor? A veces quisiera dormirme y no despertar jamás. Es que vivir una vida a la sombra, es casi lo mismo que no existir ¿No te parece?