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Opinión

Escalamiento de la violencia

Manuel Cadrazco Martelo
Manuel Cadrazco Martelo
Columnista
9 de abril de 2025

Tras la neutralización de cabecillas criminales en Colombia, la violencia se intensifica. El Estado debe actuar con estrategias que frenen el terror y garanticen la seguridad ciudadana.

Por Manuel Cadrazco Martelo Cada vez que se neutraliza a un cabecilla criminal en Colombia, la respuesta violenta de su organización no tarda en hacerse notar: paros armados, toques de queda ilegales, amenazas y el cierre forzado de establecimientos. Lo ocurrido recientemente en municipios de Sucre y Córdoba constituye parte de una tendencia alarmante, en la que las organizaciones delictivas emplean el terror como mecanismo para reafirmar su poder e intimidar a la ciudadanía. En este contexto, el Estado debe transformar sus estrategias para impedir que el relato del miedo se imponga y se normalice en la sociedad. Es imprescindible emprender acciones anticipatorias y coordinadas. Los operativos contra estructuras criminales tienen que estar acompañados de planes de contingencia que permitan contener represalias y garantizar la presencia del Estado en los territorios afectados. La neutralización de un líder del crimen no puede convertirse en un detonante para que se establezcan medidas coercitivas que alteren la vida cotidiana de los ciudadanos. Para ello, es fundamental fortalecer la inteligencia territorial y mejorar la coordinación entre las fuerzas de seguridad, permitiendo anticipar movimientos y prevenir la propagación del miedo. Además, se deben activar canales de comunicación directa con las comunidades, ofreciendo acompañamiento psicosocial a comerciantes, docentes y líderes locales, así como difundiendo mensajes claros que desmientan la narrativa del terror. La ausencia o el retraso en la respuesta institucional solo refuerza el discurso intimidatorio de los grupos criminales. Simultáneamente, el Estado debe invertir en programas de desarrollo social que generen alternativas económicas y educativas, reduciendo el margen de maniobra del crimen en aquellos territorios donde la vulnerabilidad es mayor. La promoción de oportunidades laborales, la mejora del acceso a la educación y el fomento de una cultura ciudadana activa son elementos esenciales para debilitar la influencia de estas organizaciones y restaurar la confianza en las instituciones. Finalmente, es vital que el gobierno comunique de manera efectiva sus acciones, demostrando que la seguridad y el bienestar de la población son prioridades innegociables. Solo a través de una respuesta integral, que combine la acción policial con el desarrollo social y la transparencia, se podrá evitar que el relato del terror se adueñe del imaginario colectivo y se consolide el control de los criminales sobre el territorio. El compromiso del Estado y la unión social son esenciales para derrotar definitivamente el terror criminal.