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Opinión

Esa otra voz…

Olga Lucia Bustamante Madrid
Olga Lucia Bustamante Madrid
Columnista
12 de octubre de 2024

Reflexiones sobre la nutrición emocional y la voz interior guían este artículo. La autora cuestiona cómo nutrimos a otros y la importancia de escuchar la intuición para evitar decisiones erróneas.

Olga Lucia Bustamante Madrid Estando en mi presencia alguien le dijo a sus padres: “Gracias por criarme para ser lo que soy”. Me conmovió en el alma. Esto me llevó a cuestionarme ¿Cómo he nutrido emocionalmente a los miembros de mi familia? ¿Cómo fueron nutridos mis pensamientos y sentimientos? ¿Cómo se sienten las personas que están a mi cargo, o a mi lado? ¿He logramos cortar la cadena de una errada nutrición emocional, cuando la he percibido? ¿Enseño a sonreír, a amar la vida, tener confianza y perdonar? o ¿Siembro semillas de rabia, miedo, desmotivación y critica constantes? He decidido escuchar esa otra voz tenue casi imperceptible, presente y serena, que se escucha solo sutilmente cuando hacemos silencio mental.  Aquella voz especulativa, que se alimenta de descontentos, resentimientos y reclamos, no es mi amiga, ni es buena guía.  Todos conocemos esas dos voces, ‘las sentimos’, pero, la mayoría de las veces no le prestamos atención por el ruido que hace la cascada incesante de nuestros pensamientos. Quién no ha sentido desasosiego ante una determinada circunstancia, y advierte que algo le dice ‘retrocede’ ‘no te acerques’ ‘huye’ ‘no entres’ ‘cuidado’… Esa es la otra voz amiga. Algunos la llaman conciencia. Es creíble porque dentro de la Ley de Causa –Efecto es prudente y protectora personal, y de los demás. Cuando el mensaje incita a dañarme o a dañar a otros, es el pensamiento loco quien habla; ese que no mide resultados. ¿Cuántas decisiones equivocadas hubiéramos podido evitar si tuviéramos claridad sobre esta verdad? Desafortunadamente parece ser que pocas personas están despiertas y receptivas a realidades impalpables que existen, por eso les demos la espalda.   Caminamos como sonámbulos hipnotizados y aturdidos, abandonados en manos de astutos mercaderes de conciencias, diciéndonos que hacer, cómo se usa, de qué manera lograr triunfar, cómo esquivar obstáculos sin quedar comprometidos. Lo que esas personas no saben es que nada ni nadie escapa a la ley de causa-efecto, tanto en lo positivo como en el sentido contrario. Estamos atados a nuestras especulaciones sentimientos y actos, a sus resultados y repercusiones.  No existe lugar donde esconderse para obviar lo que nos corresponde como responsabilidad. Arthur Miller hizo esta afirmación “La manzana no puede ser vuelta a poner de nuevo en el árbol del conocimiento; una vez que empezamos a ver, estamos condenados y enfrentados a buscar la fuerza para ver más, no menos.”