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Opinión

Es mejor corregir que castigar

Olga Lucía Bustamante Madrid
Olga Lucía Bustamante Madrid
Columnista
10 de mayo de 2025

La pedagogía moderna promueve corregir a los hijos sin castigos físicos ni violencia. Busca entender causas y sentimientos para fomentar el respeto y la responsabilidad, construyendo un ambiente familiar sano.

Por Olga Lucía Bustamante Madrid Es mejor corregir que castigar La pedagogía y la psicología invitan a corregir sin castigo físico ni violencia emocional, a los hijos. Utilizando la comprensión de las causas y los sentimientos. Las motivaciones que impulsaron las respuestas de enojo, desobediencia, e incumplimiento de las reglas. Permitiéndoles expresar las razones de su comportamiento de manera clara, en un dialogo abierto, en lo posible tranquilo y privado, donde se fortalezca el entendimiento y el respeto mutuo. Los niños y jóvenes deben asimilar que en la vida hay consecuencias en todo lo que pensamos, sentimos, hacemos y decimos. Y que la responsabilidad es personal, cada uno carga con los efectos de su proceder. Esta nueva pedagogía de la educación propone un cambio en las estrategias, donde solo el adulto daba órdenes y castigaba sin contar con los sentimientos y la libre expresión del niño. Cuando un niño o adolescente, siente que se le escucha, que se le mira y atiende con respeto, permite el acercamiento de alguien que le expresa cariño, con deseos de ayudarlo. Todas las personas pequeñas y adultas, necesitamos entender razones y porqués, para disponer el ánimo a parar o a cambiar. Sin entendimiento no hay tregua. No es fácil desmontar métodos ortodoxos donde prevalecía el regaño, el grito y el castigo físico. Es indispensable renovar esa estrategia que marcó de manera negativa a muchas generaciones, especialmente cuando hubo excesos. Con firmeza, pero sin enojo y con mucho respeto, podemos crear reglas sencillas y entendibles, que no son negociables para fortalecer la buena convivencia, que garantice comportamientos y ambientes sanos. Y estos temas se abordan de manera preventiva antes de que las cosas pasen, no esperar los momentos neurálgicos. Desde muy temprano en la niñez debe escucharse en el hogar un vocabulario asertivo, las normas que rigen el ambiente familiar, con estimulo de la calma y el respeto cuando existan desavenencias, enseñar a los niños a disculparse y a perdonar. A reparar un daño cuando lo amerita. El manejo de soluciones claras y seguras, la utilización de estrategias positivas y eficaces, que fortalezcan la buena convivencia y la salud de todos. Si un niño desde muy pequeño asimila esos términos y su significado, será más fácil recordárselos cuando se presenten desacuerdos. El apoyo de los padres debe ser incondicional en ese proceso de aprendizaje, al final, todos aprendemos de todos.