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Opinión

Es cuestión de tiempo

Ismael Guerra de la Ossa
Ismael Guerra de la Ossa
Columnista
30 de marzo de 2026

Extirpar de raíz un régimen dictatorial que lleva apoltronado en el poder 26 años, con todo su accionar despótico y nepótico, ligado a criminales de lesa humanidad, con su carácter tiránico, autoritario y coaligado con carteles del narcotráfico y estructuras terroristas arraigadas en su territorio bajo la mirada complaciente de las Fuerzas Armadas y de toda la institucionalidad de la Nación, no es cosa fácil

Extirpar de raíz un régimen dictatorial que lleva apoltronado en el poder 26 años, con todo su accionar despótico y nepótico, ligado a criminales de lesa humanidad, con su carácter tiránico, autoritario y coaligado con carteles del narcotráfico y estructuras terroristas arraigadas en su territorio bajo la mirada complaciente de las Fuerzas Armadas y de toda la institucionalidad de la Nación, no es cosa fácil. Ello requiere de tiempo y paciencia. Sobre todo, de esta última, pues eso no es como soplar y hacer botellas. Se necesita una estrategia bien planificada y que cada pasó que se dé, sea el resultado de concienzudos análisis y que previamente se sopesen con mucho cuidado y tacto las acciones a emprender, en el entendido de que cualquier error de cálculo puede dar al traste con el cometido final. Desde luego, claro, que se justifica el inconformismo y el escepticismo que ha comenzado a apoderarse de quienes creían, ingenuamente, que con el solo apresamiento y conducción del sátrapa Nicolás Maduro y su esposa Cilia, a una cárcel de Estados Unidos, se acabaría de ipso facto el abominable régimen chavista. Esto es comprensible, pero también debe ser entendible que ello requiere tiempo y dedicación, y sobre todo, paciencia. De manera que los demócratas del mundo debemos confiar en lo que hace Estados Unidos para devolverle la libertad y la democracia a Venezuela. Ha dicho Marco Rubio, el secretario de Estado, que la cosa va por fases y que la última etapa de la transición será elecciones libres, transparentes y seguras. A eso hay que apostarle para que Venezuela vuelva a ser el país próspero y lleno de oportunidades por el que en otros tiempos se caracterizaba. No en el Estado fallido que es hoy, con la paradoja de que siendo una de las potencias mundiales del mundo petrolero, rico y diverso, se debata en una crisis humanitaria de tan tamaña magnitud y naturaleza, que la extrema pobreza reina y campea en extensas y múltiples comunidades con una ola migratoria descomunal. De todas maneras, hay que reconocer que la intervención norteamericana comienza a dar sus resultados, pues han empezado las liberaciones de presos políticos y por lo menos ahora el criminal de Diosdado Cabello no se atreve a ordenar a los colectivos chavistas que masacren opositores sin piedad como antes lo hacía.