
Enseñar al que enseña

En la enseñanza impartida a los niños para su autocuidado con miras a alejarlos del abuso sexual, en algunos casos y sin pretenderlo los adultos formadores, estamos creando es sentimientos de miedo indistinto...
Por Olga Lucia Bustamante Madrid En la enseñanza impartida a los niños para su autocuidado con miras a alejarlos del abuso sexual, en algunos casos y sin pretenderlo los adultos formadores, estamos creando es sentimientos de miedo indistinto, llegando a incluir a personas de absoluta confianza y respeto que solo buscan proteger y ayudar. Por ejemplo, aplicar un medicamento, ayudar a hacer el aseo íntimo a niños o niñas pequeñas que aún no cuentan con la pericia para hacerlo de forma adecuada. El temor extremo a estar en riesgo permanente se convierte en una tortura que no permitirá el libre desarrollo del infante, quien percibe en todo y en todos, un riesgo imaginario traumatizante. Recuerdo un Reel en el que personas adultas reían a carcajadas haciendo la filmación de una niña de 3 años asustada con su propia sombra y corría tratando de escapar de ella, daba gritos de terror, mientras sus abusadores gozaban sin medir las consecuencias de sus actos. Eso es violencia psicológica. ¿Cómo se recupera la confianza de una criatura con una mentira tan lesiva, si no entiende argumentos, ni distingue verdades de mentiras? La lección de evitar contacto con extraños o personas de la familia que se acercan demasiado, debe ser una aclaración sana y congruente de como reconocer ciertas señales de peligro. Ejemplo: Estar alerta y sospechar ante la insinuación de no contar nada a papá, mamá o cuidador; ofrecimiento de regalos; invitaciones a alejarse o esconderse con él o ella. Amenazas mentirosas; toques incomodos y groseros en partes privadas del cuerpo sin consentimiento, rodeándolo para inmovilizarlo; recibir la insinuación de tocar o dejarse tocar…etc… ¡Entender los motivos de peligro y las malas intenciones, y enseñar el derecho a ser respetado! es un tema que debe abordarse sin aspavientos vulgaridades o exageraciones que crean pánico en la pequeña mente. Los cuentos, los ejemplos sencillos sin muchos detalles, un mini teatro improvisado con argumentos claros y comprensibles, dan herramientas para empoderar a los niños mostrándoles que son dignos y valiosos. Allan Kardec explica que educar en el arte de crear buenos hábitos desde la niñez es indispensable para el ser humano, aporta orden y previsión. Aprender a respetar lo respetable eliminaría los azotes del descuido. Así como se aprende a caminar, correr, hablar, comer para sobrevivir, así mismo combatir la incultura moral formaría caracteres sanos, disminuiría la población sin principios, desbocados ante sus propios instintos.