En la Mojana hay hambre
La Mojana, zona de potencial agrícola, sufre alarmante inseguridad alimentaria. Un informe revela hambre y vulnerabilidad, contradiciendo promesas gubernamentales y poniendo en duda la gestión.
Por Alexander Marimon Márquez Si bien es cierto que la Mojana es una zona potencial en la producción de arroz, ganadera y de biodiversidad, también lo es que, lamentablemente, una parte de su población pasa hambre. El informe de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo y Desastre, sobre las inundaciones de la Mojana, es alarmante también respecto de la inseguridad alimentaria que padece la mayoría de sus habitantes, casi todos en condición de vulnerabilidad, además por la falta de un hogar, según cifras oficiales que indican que los Mojaneros experimentaron algún tipo de limitación en el acceso y consumo de comida. Esas cifras son muy preocupantes, no sólo de cara a la posibilidad de que nuestra Mojana pueda cumplir el Objetivo de Desarrollo Sostenible para que haya cero hambre, sino que pone en duda la eficiencia y los resultados de la gestión del actual gobierno, frente a sus promesas de campaña para combatir la desnutrición y la falta de acceso a los alimentos. Los datos revelados por la Unidad de Riesgo en alianza con la agencia de la ONU para la Alimentación y la Agricultura (FAO), en los recientes balances oficiales sobre logros en los primeros dos años de mandato, no concuerdan con la realidad que vive la Mojana, que no es otra que el hambre que padecen sus habitantes, lo que debería ser un asunto que prenda la alarmas, sobre todo en esta época invernal que azota a esa región. Lo más complicado es que esa inseguridad alimentaria, grave o moderada, si bien es mayor en las partes rurales, no es sustancialmente baja en las cabeceras urbanas. Obviamente, regiones como la Mojana encabezan las tablas de mayor afectación en concordancia directa con los niveles de mayor pobreza, principalmente en el sector campesino. En la Asamblea de Sucre, cursa el proyecto del banco de alimento para la zona de la Mojana, que busca erradicar los índices de insuficiencia alimentaria partiendo de mejorar la oferta y responder a la creciente demanda por comida y demás víveres de los sectores más vulnerables. Para ello, el programa plantea una serie de medidas multidisciplinarias e integrales que van desde el incremento de transferencias monetarias para población en pobreza extrema, el fortalecimiento de los servicios sociales como los Comedores Comunitarios y el aumento en la oferta de alimentos, hasta la apertura de más espacios de comercialización, el mejoramiento del Plan de Alimentación Escolar (PAE) en los colegios públicos y la implementación de alianzas con el sector privado, comunitario y campesino. Como se ve, es una apuesta muy fuerte tanto desde el punto de vista económico como de andamiaje institucional. Exige niveles de coordinación de múltiples entidades y un seguimiento permanente para garantizar la mejor focalización posible y el alcance de resultados objetivos. No está concentrada en una estrategia meramente asistencial. Por el contrario, abarca instrumentos que permitan a las familias en riesgo poder no solo recibir el apoyo alimenticio, ya sea en especie o por medio de transferencias económicas, sino acceder a condiciones que les permitan salir de la pobreza extrema y progresar.