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Opinión

Elogio a los abogados

Inocencio Meléndez Julio Ph.D
Inocencio Meléndez Julio Ph.D
Columnista
27 de junio de 2023

El 22 de junio se celebra el Día del Abogado, en honor a Cristóbal Hurtado de Mendoza. Un homenaje a quienes defienden la justicia y el Estado de Derecho. Reflexiones de juristas sobre la profesión.

Por: Dr. Inocencio Meléndez Julio Ph.D Los abogados, togados, juristas, letrados o licenciados en derecho, como suelen llamarnos universalmente, celebramos el 22 de junio de cada año, el día del Abogado. Fue escogido en homenaje al colega Cristóbal Hurtado de Mendoza y Montilla, nacido en Venezuela el 22 de junio de 1772 y fallecido el 8 de febrero de 1829 a los 56 años, siendo el primer Presidente republicano de su país, luego de la independencia del imperio español. Fue quien formal y legalmente otorgó el título de Libertador a Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar Ponte y Palacios Blanco. Por su importante aporte a la doctrina, a la teoría del derecho, a la filosofía jurídica y a la formación de los Abogados latinos, interpretando el legado de la tradición hispano, romano, germánica, la Academia Latinoamericana de Juristas escogió la fecha de su nacimiento, para honrar a todos los profesionales del Derecho que han dedicado su vida a la defensa de los derechos, a la justicia y al Estado de Derecho en nuestros países. Allí encuentra explicación la escogencia del día del Abogado. En el día del Abogado en primer lugar, Felicitaciones a mis colegas y también por haber escogido como oficio la profesión liberal más noble y altruista del universo. En este homenaje hago las siguientes reflexiones revestidas de lecciones de grandes maestros, que siendo nuestro faro, nos dejan grandes aprendizajes, a saber: Ángel Osorio y Gallardo, jurista español en 1919, en su centenaria obra, el Alma de la Toga, nos enseña a valorar la profesión como una vocación multiplicada y depurada a la vez, ejercida con entusiasmo ardiente y una fe invulnerable en la justicia y el derecho, con la convicción de que el Abogado cumple una función social aún con las tribulaciones de su conciencia, sus múltiples y heterogéneas obligaciones y la coordinación de sus deberes para con la justicia y con el cliente. Nos enseña, que el Abogado podrá ejercer en los distintos roles como jueces, magistrados, fiscal, agente del ministerio público, docentes, doctrinantes, tratadistas, como empleados y funcionarios, pero será el Abogado litigante el único de ese universo de juristas que reclama justicia para su cliente ante todos los tribunales, conoce el bosque de la judicatura, la diversidad de criterios entre un despacho y otro, entre los diferentes circuitos y distritos judiciales y promueve la unificación de la jurisprudencia, los cambios jurisprudenciales y el control constitucional y legal de los errores judiciales en que incurren los jueces de instancia. El abogado litigante es quien soporta y padece la carga de la causa del cliente que defiende y la que le impone la dialéctica propia de las decisiones que producen igualmente jueces que son seres humanos a quien el sistema le entregó la responsabilidad de disponer de los derechos de las personas y de la sociedad. Concluye, que el verdadero jurista, es el abogado que se forma en los estrados judiciales, reclamando justicia para sus prohijados, que en todo caso, aunque no comparta algunas las decisiones del juez, las respeta y contribuye a su cumplimiento, ante lo cual sabe que la única alternativa es acudir a su impugnación por los medios legales y constitucionales dispuestos para ello. Eduardo de J, Couture Etcheverry, jurista uruguayo, autor del decálogo del Abogado, nos enseña que las bases filosóficas del mismo entraña esencialmente la consideración de que el Abogado es un ser humano, que tiene la responsabilidad de encausar la defensa de los principios y valores de la humanidad, así como también tiene el deber de hacer respetar la majestad de la justicia y defender la independencia del juez. De allí que el abogado en litigación, siempre deberá tener en cuenta que los jueces, ante quienes reclaman justicia para su apadrinado, emiten sentencias que contienen las decisiones del juez para resolver problemas jurídicos sometidos a su competencia y jurisdicción, con los postulados del derecho y de la justicia. Dichas providencias deben estar sometidas a la exigencia superior de la motivación debida, conforme al proceso judicial y el haz probatorio legalmente practicado, sopena del prevaricato penal y disciplinario. Nos enseña, que las sentencias del abogado- juez, en ocasiones no están exentas como toda obra humana, de que en sus juicios de valor y en las conclusiones racionales del proceso judicial, lleve incorporada cierta dosis de lo que podríamos denominar sueños, anhelos, aspiraciones, luchas y frustraciones del juez. A partir de este raciocinio, planteó la necesidad de que las legislaciones procesales eliminaran la tarifa legal de prueba, para que el juez, en virtud de la sana crítica, de la racionalidad judicial, de la discrecionalidad reglada y amparado en el principio de independencia del juez, profiera la sentencia sin temor al juicio paralelo que hace del caso la opinión pública con fundamento en los cambiantes ambientes políticos de la sociedad. A partir de ello, acuñó la frase: El día en que los abogados- jueces tengan miedo a emitir sus decisiones en derecho, los justiciables no podremos dormir en paz. Plantea que el Abogado, en los distintos roles que ejerza, tiene el imperativo, ineludible e imprescindible deber, de defender los siguientes postulados de la justicia y del derecho: Estudia, porque el derecho se transforma constantemente. Si no sigues sus pasos, serás cada día un poco menos abogado, piensa, porque el derecho se aprende estudiando, pero se ejerce pensando; trabaja, pues la abogacía es una ardua fatiga puesta al servicio de las causas justas. Lucha: porque tu deber es luchar por el derecho; pero el día en que encuentres en conflicto el derecho con la justicia, lucha por la justicia; sé leal con tu cliente, al que no debes abandonar hasta que comprendas que es indigno de ti. Leal para con el adversario, aun cuando él sea desleal contigo. Leal para con el juez, que ignora los hechos y debe confiar en lo que tú dices; y que, en cuanto al derecho, alguna que otra vez debe confiar en el que tú le invocas; tolera la verdad ajena en la misma medida en que quieres que sea tolerada la tuya; ten paciencia: en el derecho, el tiempo se venga de las cosas que se hacen sin su colaboración. Ten fe en el derecho, como el mejor instrumento para la convivencia humana; en la justicia, como destino normal del derecho; en la paz, como sustitutivo bondadoso de la justicia. Y sobre todo, ten fe en la libertad, sin la cual no hay derecho, ni justicia, ni paz; Olvida, porque la abogacía es una lucha de pasiones. Si en cada batalla fueras cargando tu alma de rencor, llegará un día en que la vida será imposible para ti. Concluido el combate, olvida tan pronto tu victoria como tu derrota. Por último nos deja el mejor mensaje: Ama tu profesión y trata de considerar la abogacía de tal manera, que el día en que tu hijo te pida consejo sobre su destino, consideres un honor para ti, proponerle que se haga abogado. Por su parte, el jurista italiano Piero Calamandrei, en 1935, escribe su obra Elogio a los Jueces, donde exterioriza la necesidad de establecer una relación respetuosa entre el Abogado-Juez y el Abogado-litigante, dejando en relevancia que el Abogado Óptimo es aquel de quien el juez, terminada la discusión, no recuerda ni los gestos, ni la cara, ni el nombre; pero recuerda exactamente los argumentos que salidos de aquella toga sin nombre, harán triunfar la causa de su cliente. Pero también el Abogado óptimo, echa de menos la actitud del abogado-juez, que no actúa como el árbitro y presidente de la audiencia, o como el equilibrio entre las contrapartes para hacer brillar la justicia, y, por el contrario, expide providencias que desde luego no serán contra el abogado sino contra el cliente, contra la justicia y contra el derecho Ocurre, ante los ausentes e insuficientes motivaciones de algunas decisiones del juez, o cuando en ocasiones se omite valorar las pruebas de una de las partes, o la tergiversa, y desde luego se actúa contra el principio de la discrecionalidad reglada de la judicatura en la valoración de la prueba, sobre todo si sacrifica el principio de presunción de inocencia, dándole paso al injusto e ilegal juicio paralelo que hace y pretende imponer la opinión pública y a veces algunos medios de comunicación. El abogado en Litigación, para restablecer el derecho, la legalidad y la constitucionalidad de la decisión cuando quiera que esté plegada de errores judiciales que afecta a su cliente, en una actitud de respeto y sujeción a la administración de justicia, no le queda alternativa distinta que acudir a la herramienta procesal de los medios de impugnación de las providencias, como remedio judicial. Por último, el mensaje del profesor Luis María Diez- Picazo, Presidente del Tribunal Constitucional Español, cuando al presentar su obra El Oficio de Jurista, concluye diciendo que no era capaz de escribirlo solo, porque podría hacerlo desde su experiencia de Juez y como docente, y que la razón por la cual oficia como Compilador, es porque para recoger la experiencia de todos los roles del jurista, era necesario que cada capítulo lo escribiera quien haya ejercido cada uno de los roles de Abogado, vale decir, de litigante, de juez, de abogado del estado, de fiscal, de agente del ministerio público, de doctrinante, tratadista, docente, entre otros. En él deja el siguiente mensaje: Gracias a la vista del oficio de abogado desde los diferentes roles, el universo jurídico no solo puede ver el árbol del derecho, sino también el bosque del jurista. A todos mis colegas Abogados en Litigación, jueces, magistrados, agentes del ministerio público, representantes de víctimas funcionarios, empleados, docentes y tratadistas, gracias por compartir conmigo la pasión y la lucha por el derecho y la justicia, la profesión liberal de jurista, dejándoles en especial el decálogo número diez del mandamiento del abogado: Ama tu profesión y trata de considerar la abogacía de tal manera, que el día en que tu hijo te pida consejo sobre su destino, consideres un honor para ti, proponerle que se reciba de abogado. El abogado es el exponente de la mejor profesión liberal que existe en la humanidad. ¡Feliz Día!