
Elegir la historia que queremos vivir

En cada decisión, escribimos una historia. Reflexionar sobre las consecuencias, como Viktor Frankl, permite tomar el control y construir un futuro deseado, eligiendo la coherencia y la perseverancia.
Por Olga Lucía Bustamante Madrid Cavilando sobre circunstancias de la vida cuestiono: ¿Cuántas cosas evitaríamos que sucedieran, si antes de tomar una decisión nos detuviéramos a pensar en la historia que comenzamos a escribir en cada momento? Porque una misma situación puede ser tratada de infinidad de maneras, por lo tanto se toman rumbos diferentes. Viktor Frankl relata cómo siendo víctima en los campos de concentración Nazi, decidió darle un sentido profundo a su existencia. Él tenía claro que el destino lo definía él desde su interior, a cada momento, porque sus verdugos solo pensaban en destruirlo. Por eso dispuso el pensamiento al servicio de la vida, aunque a su alrededor solo hubiera muerte, sufrimiento y desolación. Dijo algo así como: “Pueden quitarme todo, menos la capacidad de decidir mi actitud personal”. Utilizó su imaginación para no dejarse abatir por la realidad. Y logró sobrevivir para dar su testimonio: “A pesar de las circunstancias más adversas, es posible vivir una vida positiva y con sentido.” Si decido mentir, antes, miro hacia delante y observo el trato de rechazo y de desconfianza que voy inspirar y las puertas que voy a cerrar. Cuando estoy queriendo reemplazar el estudio por la vagancia y el facilismo, con solo cerrar los ojos e imaginarme años más adelante, puedo visualizar la escena: sin trabajo, sin futuro, sin afecto, lleno de artimañas para sobrevivir, sucio, repudiado por holgazán, un don nadie… ¿Qué siento? Cuando sienta la tentación de probar los efectos de los narcóticos, podría detenerme unos minutos, mirar la vida de quienes han optado por ese camino ‘sin reversa’, enloquecidos, destruida su existencia y las de sus familias. ¿Eso quiero para mí? Si me tienta matar para robar a alguien… paro, miro lo que va a pasar mañana… huyendo, escondido como una rata, luego en la cárcel sin libertad, envejeciendo y con la vida perdida... ¿Para qué?...hay otros caminos menos arriesgados. Soy dueño de mi voluntad. ¡Si otros pueden yo también! Es una invitación a utilizar la coherencia mental. El pensamiento por si solo sin control, no es buen consejero. Puede ser ligero, criticón, vacío, irresponsable, no mide resultados, tonto, superficial, ambiguo, etc, etc… por eso, a veces, escribimos historias que jamás pensábamos ni deseábamos vivir. Entonces decimos entre lágrimas: ¡Si lo hubiera pensado bien, no hubiera tirado mi vida por la borda! Coherencia, decisión y perseverancia. “Las grandes obras son hechas no con la fuerza, sino con la perseverancia.” Afirmó Samuel Johnson.