
El viaje continúa

Las perspectivas sobre el valor de las cosas varían según la posición. En 2023, el deseo de mejorar la calidad de vida se enfrenta a realidades como impuestos altos y contrastes culturales.
Por: Susana Viera Las perspectivas difieren de acuerdo con la distancia entre las cosas y aquel que las mira. Verbigracia, que el costo de los objetos sea alto, justo o poco, depende de si los vendes o los compras, si posees o careces de ellos. Son sumas y restas sobre el valor de las finitas cosas humanas. Es normal transitar por la vida sin necesidad de observar a través de telescopio o microscopio. En este contexto, mucho de lo que nos rodea, no podemos verlo tal y como es, o lo vemos según nuestras posibilidades. Nuevo año. Es inevitable el deseo de cambiar muchas cosas. Cambiarán los precios de la canasta familiar, el salario mínimo, el presupuesto nacional, la tasa de usura y, en fin, todas esas variables que determinan nuestra mejor o menor calidad de vida. Desear, ser y estar mejor es inalienable, la diferencia radica en qué significa “mejor” para cada uno. Cuando se tiene la oportunidad de palpar las imponentes columnas del Panteón de Agripa en Roma o cruzar una calle en Países Bajos, donde no hay semáforos y los vehículos se detienen para dar paso al peatón, la introspección nos conduce hacia las comparaciones universales. El Panteón fue construido 126 años A.C. y permanece erigido, recordándonos por qué se cae un Imperio. Hoy es el epítome de las grandes maravillas del mundo. Actualmente, los impuestos en Roma ascienden al 60% por contribuciones patronales, 33% sobre el salario y 22% por concepto de IVA. Esta panorámica es inconcebible para los latinoamericanos. Aun así, los romanos disfrutan de un mejor vivir que el colombiano promedio. Este contraste de situaciones y condiciones que a priori parecen absurdas, son reales. ¿Cómo funcionan los altos impuestos y el crecimiento económico? En perspectiva de turista, impresiona que el Uber sea un lujoso Mercedes Benz conducido en su mayoría por indios y árabes, mientras una gran cantidad de ciudadanos son propietarios de pequeños vehículos. La razón es sencilla, no hay espacio para garajes, ningún edificio puede ser más alto que la Basílica de San Pedro. Sin embargo, no los agobia el caos vehicular de la capital colombiana. En otra orilla están los Emiratos Árabes Unidos, donde no existen impuestos y mendigar es un delito severamente castigado. De cara a las realidades del tercer mundo, toca levantar la cabeza frente a las diferencias milenarias. Lo cierto es que, los imperios se caen y el buen o mal uso de los impuestos tiene relación directa con la pobreza y el desarrollo. Espero que los incrementos del 2023, les permita a muchos compatriotas conocer nuestras riquezas territoriales. El viaje continúa. Feliz nuevo año.