
El verdadero peligro

En la batalla interna entre el bien y el mal, las decisiones diarias revelan la virtud o el defecto cultivado. Ceguera espiritual y tentaciones amenazan el alma, urge despertar.
Por Selma Samur de Heenan En nuestro interior existe una permanente batalla entre el bien y el mal. No la vemos, pero se refleja en las decisiones que diariamente debemos tomar ante los pequeños o enormes desafíos que se nos presentan. Las respuestas que damos en medio de un combate espiritual provienen de las virtudes o de los defectos que hayamos estado cultivando. Debido a esto, es que en ocasiones quisiéramos hacer algo bueno y terminamos en todo lo contrario, dejándonos vencer por las tentaciones, y actuando bajo la influencia de las diversas manifestaciones de los pecados capitales, como podrían ser: soberbia, ira, avaricia, envidia, lujuria, gula, pereza. Es indispensable que tomemos conciencia del alimento que estamos dando a nuestra alma para que ante un conflicto puedan salir de ella buenos frutos, como son aquellos que provienen de las virtudes: humildad, paciencia, prudencia, justicia, fortaleza, templanza, generosidad y diligencia. Somos muy necios cuando usamos todo nuestro esfuerzo, tesoro y talento para cuidar incansablemente al cuerpo, pero descuidamos lo más importante, y dejamos desprotegida a nuestra alma. Pensemos un poco en cómo propendemos por nuestra salvación eterna. ¿Estamos conscientes de que, si no la alcanzamos, de nada servirán todos los esfuerzos y gastos hechos para mantener en forma nuestra parte mortal? Así como el cuerpo tiene tantos enemigos y buscamos por muchos medios defenderlo de ellos, de igual forma el alma también los tiene y son más peligrosos. Algunos de estos adversarios, son tan comunes que se han convertido en cotidianos y no los queremos asumir como un problema sino lo contrario, una diversión. Me refiero a lo que vemos, escuchamos, hacemos y consumimos. Algunas cosas son lícitas, pero no nos convienen porque dañan nuestro ser espiritual. Por ejemplo: las películas pornográficas, la música obscena, cualquier vicio, porque estos llevan a que una persona viva doblegada ante la adicción, hasta que su existencia se vuelve ingobernable. Nos hemos acostumbrado a estar ciegos espiritualmente y a pasar por alto, todo lo que es esencial e invisible a los ojos. Estamos confrontados por una ceguera de los sentidos espirituales, que nos deja expuestos ante todos los diversos atacantes que se oponen a nuestra salvación. Busquemos a Dios y su reino, despertemos nuestra alma que está en peligro. ¡Ya no hay tiempo que perder!