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Opinión

El veneno woke.

Selma Samur de Heenan
Selma Samur de Heenan
Columnista
18 de mayo de 2025

Anteriormente he denunciado la ideología de género, que se disfraza de “inclusión” y “libertad” para confundir, atacando la identidad humana, su sexualidad, su misión como varón o mujer y su vocación familiar.

Por Selma Samur de Heenan Anteriormente he denunciado la ideología de género, que se disfraza de “inclusión” y “libertad” para confundir, atacando la identidad humana, su sexualidad, su misión como varón o mujer y su vocación familiar. Ahora quiero mencionar una corriente aún más invasiva y peligrosa: la cultura woke. Está presente en escuelas, universidades, empresas, redes sociales, medios de comunicación y, sobre todo, en discursos oficiales de tendencias socialistas. Woke significa “despierto”, para figurar que sus adeptos son los únicos conscientes de las injusticias. Se presentan como defensores de los oprimidos, alimentando su resentimiento. Han rescatado la vieja lucha de clases marxista, ahora aplicada en todos los ámbitos de la vida social. Este enfoque reabre heridas sociales, promoviendo la sospecha y el hostigamiento mutuos. Propicia privilegios para quienes se declaran víctimas. Por eso fragmenta a la sociedad entre “oprimidos” y “opresores”, y quien no repite su discurso es cancelado, difamado o silenciado. Lo importante ya no es lo que es, sino lo que conviene narrar. Líderes que impulsan agendas progresistas recurren a este lenguaje para dominar desde lo emocional. Dicen luchar por equidad, pero han promovido leyes y estrategias que enfrentan a padres e hijos, mujeres y hombres, creyentes y no creyentes. Difunden odio bajo apariencia de derechos; censura disfrazada de sensibilidad, y castigo presentado como reparación. Y lo más grave: imponen normas de inclusión que debilitan al Estado, privilegiando identidades sobre capacidades y afectando la calidad, la justicia y la estabilidad de las instituciones. Lo hacen en nombre del bien. Es el mismo engaño de siempre: vestir de virtud lo que en realidad corrompe. Pero cuando una propuesta necesita separar, imponer y perseguir, aunque se revista de causa noble, sigue siendo una trampa. Ellos dicen estar “despiertos”, pero somos nosotros los que debemos estarlo para no dejarnos engañar. No todo lo “moderno” es auténtico. No todo lo “inclusivo” es justo. Y no todo lo que repiten los medios es confiable. Que lo digan noticieros, redes o celebridades no garantiza que sea cierto. La manipulación también se disfraza de noticia, cultura o entretenimiento. Por eso hay que formarse, hablar con claridad, enseñar a los hijos a pensar, cuestionar y defender lo que es recto sin miedo. La cultura woke es venenosa y no puede ser aceptada o replicada por quienes seguimos a Cristo, conocemos su Palabra y procuramos vivir según ella.