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Opinión

El valor de un voto

Selma Samur de Heenan
Selma Samur de Heenan
Columnista
8 de marzo de 2026

Hoy algunos colombianos elegimos a nuestros representantes nacionales, departamentales y de circunscripciones especiales en el Congreso.

Hoy algunos colombianos elegimos a nuestros representantes nacionales, departamentales y de circunscripciones especiales en el Congreso. Y digo algunos porque una gran mayoría olvida la importancia que esta votación implica y se quedan tranquilos absteniéndose de participar. Unos porque nunca ejercen ese sagrado derecho, y otros, tal vez, conformándose con la intención de hacerlo en las posteriores elecciones para la Presidencia de la República. Ante esa apatía, es importante recordar que la rama legislativa es la que establece el marco jurídico dentro del cual deben actuar todas las instituciones y autoridades. Las leyes que aprueban el Senado y la Cámara determinan lo que puede y lo que no puede hacerse en el país, desde el Presidente de la República, hasta el más humilde servidor público. La imagen del Congreso ha sido deteriorada, aún más en los últimos años, por quienes han ocupado curules sin estar a la altura de la responsabilidad que implica legislar. Sin embargo, ese desgaste no disminuye la trascendencia de la institución. Al contrario, demuestra cuánto depende la Nación de quienes redactan y aprueban sus leyes. Si los resultados no han sido los esperados, no es razonable responder con indiferencia. Cada ciudadano conserva una herramienta concreta para incidir en el rumbo del país. El voto no es un gesto simbólico. Es una decisión que tiene consecuencias jurídicas, culturales y morales. A los cristianos quiero recordarles lo que significa serlo: seguir a Cristo. No basta declararse creyente mientras que en el ámbito público, se respalda con el voto a quienes promueven iniciativas contrarias al Evangelio. La coherencia no es opcional. No es compatible con la fe apoyar candidatos que no defiendan la vida desde la concepción, que relativicen la institución de la familia, que favorezcan la difusión de ideologías que confunden y vulneran a los niños o que negocien sus principios según la conveniencia política. La libertad de elegir implica también la responsabilidad de discernir. La Escritura advierte que “por sus frutos los conoceréis”. El fruto del voto también revela una posición moral. San Pablo exhorta a no conformarnos con este mundo, sino a renovar el entendimiento para discernir la voluntad de Dios. Ese discernimiento no se suspende el día de elecciones. Hoy se define qué tipo de leyes impulsarán en nombre de todos. Comprenderlo es asumir que cada voto vale.