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Opinión

El toro Balay

Raymond Gomes-Cásseres
Raymond Gomes-Cásseres
Columnista
16 de enero de 2024

La historia del toro Balay, inmortalizado en canción, revive con una estatua en Sincelejo. Su valentía en corralejas y trágico final son recordados.

Por Raymond Gomes-cásseres A un lado de la loma de la calle Las Flores de Sincelejo (antiguamente la “loma de los Becerra”), hay una estatua en honor al toro Balay, esculpida por Gabriel “Ñato” Tabares. Pocos conocen la historia de este valiente cornúpeta inmortalizado por la canción de Julio Fontalvo, el toro Balay:/ Había un toro muy rejugado/ era ligero como un rayo /dicen que como ese ya no lo hay/ era criollo cachi encontrao/ y valiente de color bayo/ por eso don Arturo lo puso el Balay/. Toro que se hizo famoso en las corralejas de la Costa por su inteligencia y valentía. Debutó en 1972 en Los Palmitos en donde el ganadero Arturo Cumplido Sierra queda enamorado y se lo compra esa misma tarde a Mauricio Barguil, ganadero que ofrecía ese día los toros. Fue llevado por su nuevo dueño a la hacienda Santa Teresa y cuidado con esmero para salir a las corralejas donde fuera invitado don Arturo. Turbaco, Sincé, Corozal, Cereté, Cotorra, Carrillo, Sincelejo, y muchas otras poblaciones de la Costa Caribe lo vieron en sus corralejas dejando un reguero de muertos y heridos. En cada presentación su fama aumentaba, y los manteros y banderilleros temblaban ante su presencia. La plaza quedaba vacía y solo los jinetes en sus caballos quedaban en el ruedo ante la aparición del toro bayo. Con su inteligencia sabía dirigir sus cuernos cachi encontrao hacia las personas y no hacia el capote o la muleta, o las banderillas. En cada salida al ruedo se volvía más peligroso. Por esto un banderillero sincelejano, “el chino” Tuirán decidió acabar con su vida. Lo había enfrentado en Chochó por primera vez y lo hirió. Luego en Corozal en 1974 y también le produjo una herida y lo hizo quedar mal. Buscó enfrentarse con él por tercera vez. Pero ya no utilizaría su talento y su valor. El Balay se los había quitado. Lo buscó en Sincelejo pero sabía que ante la tierra adoptiva del Balay no podía hacerlo. Y la oportunidad se le dio en 1975 en Marzué, población del corregimiento de Carrillo. Le clavó unas banderillas envenenadas y no murió en la arena, como dice la canción. Fue llevado a la Hacienda Santa Teresa, en donde su propietario ante su inusitado decaimiento le puso tres veterinarios que hicieron hasta lo imposible por salvarlo. Pero el veneno logró su objetivo. Don Arturo Cumplido le organizó un velorio en el cual se dedicó a libar licor y a escuchar música de Banda para recordar al toro que más le había dado fama. Y como un homenaje pidió a Carlos Prada que le embalsamara la cabeza. Durante años la estampa altiva con la mirada de un campeón permaneció en la casa de la Finca “San Cayetano”, en Sincelejo. Hasta que fue robada y luego recuperada por los familiares de don Arturo y donada a un museo.