
El Tiempo

Hablar del tiempo, algo tan cotidiano y simple para la mayoría de las personas, es en sí un tema complejo.
Por Jaime De la Ossa Velásquez Hablar del tiempo, algo tan cotidiano y simple para la mayoría de las personas, es en sí un tema complejo. Para la física se entiende como una magnitud objetiva; absoluta para Newton; relativa para Einstein; emergente, desde la perspectiva cuántica. Ahondando, sin que medie la termodinámica, que lo toma como irreversible, filosóficamente es un debate ontológico. Entonces, poder entender el concepto de tiempo implica la integración de la ciencia y la filosofía con una dosis de experiencia personal, para comprender que, siendo una medida del cosmos, es el tejido de la existencia y la interrelación de la vida en general. En la literatura, que es una vía de conocimiento interior y de trasformación del ser, que no solo narra historias, sino que esencialmente toca la sensibilidad, la conciencia y la revelación, el tiempo es a la vez simple y complejo, como lo determina la obra de Proust… No es lineal, ni una cronología convencional, fluye mediante asociaciones libres, como evocaciones involuntarias y retornos súbitos, como una exploración de los límites de la percepción humana. El tiempo, para los humanos, es la sustancia invisible que constituye la vida, abarca todo lo que somos, es una trascurrir de la continuidad, se acumula como recuerdos y se vive con expectativas. En este sentido, nos percatamos que vivimos entre dos dimensiones que se compaginan, el pasado que nos identifica y nos define, que actúa como memoria y reserva de experiencias; y el futuro, que es un cúmulo de promesas, propósitos, incertidumbres y posibilidades. Entre ambos se abre el presente, instante frágil donde realmente existimos, es el transito constante y perpetuo, un ecotono donde se decide lo que viene, teniendo en cuanta lo que fue. Comprender nuestros límites, la finitud, nos obliga a elegir, priorizar, buscar sentido y decidir. No se trata solo de ritmos y movimientos, destaca la importancia de nuestro comportamiento, de lo que hacemos, de lo que somos. Igualmente, al entender el valor del tiempo estamos valorando la importancia de renunciar, ya que renunciar en sentido lógico implica elegir. Referirse al tiempo es hablar de nuestra forma de estar en el mundo, comprender el tiempo es vivirlo y honrarlo a conciencia, entendiendo que cada momento es único y valioso, y ocurre en alguna parte. Aunque las dos dimensiones, tiempo y lugar son inseparables, cada emplazamiento adquiere valor de acuerdo a los momentos que lo habitan. Los hechos determinan la importancia que le concedemos al sitio y le dan valor al tiempo.