
El sexo y nosotros (Parte II)

La sexualidad impacta la sociedad y la familia, desde el matrimonio y la fidelidad hasta la posesión y los celos. Códigos culturales moldean emociones y comportamientos.
Por: Lewis Pereira González. El sexo define más cosas; por ejemplo, se relaciona con nuestra manera de vivir en sociedad y con la familia. Pasamos nuestras vidas al lado de seres queridos y viviendo en una institución social que incluye regulaciones sexuales básicas sin las cuales no puede subsistir. Para tener una familia hay que traer hijos al mundo y para ello se deben tener relaciones sexuales; se diría, de hecho, que el matrimonio se levanta sobre eso y sobre la fidelidad. Los que contraen matrimonio deben tener hijos y no deben tener sexo con más nadie, se trata de un contrato de exclusividad sexual. Es una regulación básica y si alguien consigue a esposo o esposa teniendo relaciones con un tercero puede pedir el divorcio. No es necesario que el infiel ame al otro, es suficiente que tenga relaciones no permitidas. Además, tenemos la prohibición del incesto, por lo cual los padres tienen prohibido las relaciones sexuales con sus hijos, y eso incluye a los padrastros y madrastras que biológicamente no tienen nada que ver con la familia que los recibe. Manifestaciones de lo sexual en la vida cotidiana que habitualmente no se entienden como tales son las relativas a las posesiones del Otro y los celos. Hay hombres que no soportan que su mujer, a pesar de que su relación con ella puede haber terminado, tenga relaciones con otro hombre y el asunto puede terminar en un arrebato pasional de violencia y muerte. Con mucho el feminicidio se levanta sobre esa realidad de posesión, es decir, sobre quienes desarrollan un sentido de posesión tal que no son capaces de soportar que su mujer sea de otro, el sufrimiento los invade, sienten que su mujer no puede ser tocada por más nadie y luego pierden la razón. Se trata de códigos ocultos que configuran la mente, que provienen de la cultura y que se convierten en emociones. Uno llega a creer cosas y ver que tienen una lógica naturalizada, que las cosas no pueden ser de otro modo. La belleza femenina, por ejemplo, posee ese tipo de lógica, se levanta sobre una sexualidad oculta: las mujeres se preocupan por su belleza, los hombres por demostrar fuerza, ella se acerca a la sexualidad a través de su belleza, así como ellos por su poder, la musculatura de los pectorales y el dinero. Ambos juegan a la seducción con tales mediadores, ellas muestran su belleza y así crean pareja, ellos lo que tienen. Ese juego decide algo básico de las relaciones con los demás.