
El Presidente no se reelegirá

El presidente Petro se enfrenta al dilema de la reelección. Mantener su esencia democrática o aferrarse al poder son las opciones. Su legado, más allá de la reelección, podría definir su lugar en la historia.
Por: Emiro Arrazola Ospina Nada resulta más imposible en la vida de un luchador como el presidente Petro que declinar el orgullo de demócrata a cambio de aferrarse al poder mediante la reelección de su mandato. Se equivoca la oposición al proliferar el rumor de su reelección. El cambio que promulgó le impide al presidente Petro convertirse mañana en un continuista. Si algún poder tiene el presidente, es la fuerza del convencimiento de que parecerse a sus antecesores es cabalgar en el mismo carruaje de desprestigio de quienes le precedieron en estos últimos treinta años. La reelección fue el florero de Llorente que desgastó los gobiernos que le precedieron. En este antecedente se fue cocinando el estallido social, producto del aburrimiento ciudadano que no aguantó más ante la desidia del estado y su olvido por los más débiles. La provocación a la reflexión y la rebeldía del votante contra los políticos tradicionales fueron la chispa que encendió la llama del cambio. Así, entonces, la reelección fue el embrión donde se incubó el cambio. Si Petro quiere perdurar en la historia y por el tiempo que deducimos desea, jamás podrá darse el lujo de ser reelegido, aún bajo petición del pueblo. Nadie con tanto prestigio de pasearse en el escenario de la democracia como Petro, Su antecedente de guerrillero, que la oposición le restriega, es su mejor carta de presentación, no solo como ejemplo para los jóvenes del mañana de que se puede llegar a la cúspide del poder sometiéndose a las leyes del Estado e incursionar en la vida civil y política desde sus estrados más exigentes con la voluntad popular. Petro, ante los ojos de todos los demócratas, hizo de su curul y sus debates la trinchera política donde le tocó combatir de tú a tú con sus más recalcitrantes enemigos. Ahí, en el Senado, sus enemigos queriéndolo destruir lo conminaron al combate y él también ripostó. La altura y el respeto por el contradictor fueron su arma más sangrienta para aquellos a quienes la justicia más adelante condenó otorgándole la razón a sus denuncias. Ese prestigio no se lo ganó en el monte lo conquisto en plena plenaria del congreso Petro nunca cambió un voto, ni claudicó su forma de pensar. De las tentaciones del poder jamás se dejó tocar ni fueron impulso de su brillante carrera política. El poder embruja a los hombres y enceguece el futuro de aquellos que se divisan en la historia de una nación hasta el punto de bajarlos del pedestal donde lo tienen si defraudan lo que el pueblo espera de ellos. Es la caracterización de la firmeza de sus ideas y convicciones lo que lo perfila hacia el mañana para perdurar en nuestra historia, No será la reelección ni el poder que hoy ostenta quien le ayude a conseguirlo, por el contrario, son el mayor peligro para lograr su sueño de ser recordado en los tiempos. Estamos convencidos de que dentro de su inteligencia jamás se tiraría a un abismo que lo llevara a perder la altura que hoy tiene, la cual conquistó limpiamente. La grandeza de los grandes está en comprender que llegar y permanecer en alto es aún más difícil que la peor de las tormentosas escaladas para llegar a la cima. Cosa distinta es que, para perdurar en la historia, Petro sabe que lo escalado se puede derrumbar si no es reemplazado por una victoria de las progresistas. Petro sabe que no existe quien con tanta firmeza y sentir popular lo remplace. Dos Petros no existen. Es difícil de encontrar su reemplazo. A Petro le toca arropar bajo la expresión de progresista a alguien que conjugue su pensamiento sin que lo interprete a su totalidad. Petro necesita un intermedio y un nombre que garantice la victoria del cambio. Solo bajo esa estrategia y bajo el paraguas de las ideas progresistas puede subsistir su nombre y afianzar su sueño de perdurar en la historia. Si las ideas progresistas triunfan, él irá ahí como el artífice de otra victoria del cambio. Es la reelección de su pensamiento a lo que Petro le apuesta. Una nueva generación que nace olvidando los nombres del pasado y repitiendo Petro, Petro, y muy seguramente los herederos de los tradicionales eufóricos por la calle pregonando ¡Fuera Petro! A Petro el pueblo no lo tumbará ni dejará tumbarlo. El solo hecho de que la oposición prefiera tenerlo a él que tener que aplicar la constitución para darle paso a la figura del remplazo bajo su ausencia es el seguro más grande de la necesidad de su permanencia en el poder. Petro sabe que la campaña para sucederlo ha sido anticipada. El poder ha elevado su intuición y sagacidad política. La oposición lo ha obligado anticipar la estrategia por eso ha empezado a sacar sus activistas como quieren hoy subestimar los nuevos nombramientos. Enceguecidos están los de la oposición, el pueblo no mira ni exige los cartones, ni pergaminos ni doctorados de aquellos que siempre ha identificado en la primera línea. Al pueblo tantas veces defraudado le gusta también la lealtad. La gente ha dejado de ser boba. El pueblo hace rato deseaba que los presidentes tuvieran el mismo discurso en campaña y cuando ocupan el solio de Bolívar. Y Petro se los hace bastante parecido a lo que ellos deseaban. El presidente lo más seguro es también sabe y respeta que existe casi otra media Colombia que no gusta de él. Esa otra Colombia, esa otra mitad solo espera la más mínima embarrada de sus subalternos de jerarquía o Dios nos libre de una traición en la fiscalía porque los dientes de cocodrilo nos esperan para devorarnos. Seguramente Dios nos librará porque no la pagarán los funcionarios que frustran el cambio y defraudan su confianza sino todos aquellos que sin ser de izquierda contribuimos a la victoria del cambio.