
El Porro y el Fandango son los llamados

Las Fiestas del 20 de Enero de Sincelejo están entrando en una nueva etapa histórica. Con la prohibición de las corralejas a partir de los próximos años, la ciudad enfrenta un reto que también es una oportunidad: repensar la esencia de la celebración...
Por Manuel Andrés Cadrazco Las Fiestas del 20 de Enero de Sincelejo están entrando en una nueva etapa histórica. Con la prohibición de las corralejas a partir de los próximos años, la ciudad enfrenta un reto que también es una oportunidad: repensar la esencia de la celebración y proyectarla hacia el futuro sin renunciar a su identidad. En ese camino, el porro y el fandango —expresiones musicales que han marcado la vida sabanera por generaciones— se perfilan como los llamados naturales a ocupar un lugar central. La reciente declaratoria del Fandango como Patrimonio Cultural de la Nación no es solo un reconocimiento simbólico, sino que es una invitación a fortalecerlo, protegerlo y convertirlo en motor de desarrollo cultural y económico. Pero esta transición no puede ignorar una realidad profunda: cientos de familias dependen de las corralejas. Pretender que la tradición desaparezca sin más sería desconocer la complejidad social que la rodea. El desafío no es borrar, sino transformar. La economía popular que se mueve alrededor del espectáculo taurino debe encontrar nuevos escenarios donde seguir respirando. Los bailes, las ruedas de fandango, las KZs de champeta, los templetes y los festivales pueden convertirse en plataformas para que músicos, vendedores, artesanos y hacedores de las fiestas sigan participando sin quedar al margen. Al mismo tiempo, es fundamental que la memoria de las corralejas no se pierda. Las historias de antaño —los relatos de la música, los encuentros, de los barrios, de tradición familiar— deben seguir contándose. No para perpetuar prácticas que ya no tienen cabida, sino para honrar el tejido cultural que construyó a Sincelejo, Sucre y la región. Exposiciones, archivos orales, muestras fotográficas, conversatorios y espacios de memoria pueden mantener viva esa narrativa que forma parte del ADN de la sabana. El fandango, con su fuerza colectiva, ofrece una alternativa poderosa. Su naturaleza comunitaria permite que la gente baile, venda, toque, cree y recuerde. Multiplicar las ruedas de fandango, promover escuelas de porro, impulsar concursos de bandas y abrir diferentes espacios son caminos posibles para que la celebración evolucione sin perder su alma. Repensar la fiesta en corraleja no significa renunciar a la tradición, sino reinterpretarla a la luz de los nuevos tiempos. Si Sincelejo logra convertir el porro y el fandango en el eje de una fiesta renovada, incluyente y sostenible, honrará su historia mientras abre un horizonte cultural más amplio.