
El poder político y las traiciones

El escepticismo ante la historia revela intrigas políticas atemporales. Cleandro, en la Roma de Cómodo, ejemplifica ambición y traición, similar a complots femeninos por el poder.
Por: Susana Viera. En presente, el escepticismo es una virtud frente a todo lo que ocurre a nuestro alrededor. Parece que, en la universalidad de las cosas, hay tantas verdades o mentiras como ojos hay en el mundo (perspectivas). Difícil de contar. Así mismo, debemos mirar la historia, con escepticismo, o podemos darle crédito a lo escrito antes de Cristo. El político e historiador Lucio Dion Casio, en sus relatos sobre la historia de Roma, en tiempos del emperador Cómodo, describe a Cleandro, hijo de un libertario (esclavo a quien se le otorgó la libertad), y a quien se le atribuye la muerte de Saotero, otro liberto, elegido por Cómodo como chambelán (el más alto cargo honorífico en el siglo II A.C). Cleandro es ejecutado por traición al emperador, y se considera culpable de la hambruna que causó la peste y el principio del debilitamiento de Roma. En este personaje se puede leer diáfanamente, el resentimiento, la envidia, la avaricia y la deslealtad, un hombre de origen no aristocrático que se atrevió a asesinar a su “amigo”, para ocupar un lugar de poder. Cómo les parece, este señor negoció las “curules” del Senado y se convirtió en la cerradura política, la llave antes de acceder al Emperador, con la potestad de tomar decisiones inconsultas para sus despropósitos. Así, abrió la puerta a todo aquel que quisiera ostentar el título de senador de la República de Roma a cambio de grandes cantidades de dinero. Un senador romano, hasta antes de Cleandro, era de origen aristocrático, ancianos cuyos padres habían sido senadores, gente ilustrada (el conocimiento no estaba democratizado), sabios que servían de cuerpo consultativo al emperador. ¿Esa exclusividad es un insulto a la modernidad política y democrática? Sí, parcialmente, sostengo que debió permanecer lo de gente ilustrada. Desde luego, Cleandro se enriqueció tras venderles los títulos a comerciantes y militares. Según la tradición romana, a la muerte del emperador, en este caso Marco Aurelio, Lucila, la hermana de Cómodo, como hija mayor, debió ser emperatriz. Su pecado fue haber nacido mujer y a los ojos de su progenitor, incapaz de sucederlo. Ella, sabiendo el poder del Senado, complotó para recuperar lo que por Ley le pertenecía, orquestando, junto con algunos senadores, el asesinato fallido del Emperador. No he leído historias recientes parecidas, solo algunas fantasías sobre esposas de presidentes. Dícese que la política ha evolucionado. La historia sobre traiciones, complot, guerras, suicidios y venganzas es alucinante. Todo este entramado sobre el poder político es el pan del pueblo, la ambición de muchos y la realidad de pocos desde antes de cristo.