
El poder de la oración

Ante las adversidades, la oración se presenta como refugio y herramienta transformadora. Fortalece, serena y conecta con la esperanza, impulsando la solidaridad y la fe.
Por Selma Samur de Heenan Cuando nos encontramos frente a las incertidumbres ocasionadas por las dificultades personales, familiares, laborales, comunitarias, sociales o globales, la oración nos ofrece un refugio donde podemos descansar, fortalecernos y llenarnos de serenidad. Benedicto XVI, realzó la necesidad de practicar la oración en un mundo que muchas veces parece estar perdido, porque ella nos otorga la capacidad para seguir adelante y un acto de encuentro con Dios, y donde no solo pedimos, sino que nos entregamos a Él, confiando en su guía y amor, aun en los momentos más oscuros. La oración no solo calma nuestra mente, sino que tiene un poder real para cambiar nuestro estado de ánimo. Al abrirnos a Dios, experimentamos una paz profunda que supera todo entendimiento, porque se mantiene a pesar de que las situaciones difíciles continúen iguales. Muchas veces, cuando sentimos que no podemos más, la oración nos el valor para seguir, y transforma nuestra angustia o desesperación en esperanza y confianza. Los milagros a través de la oración no siempre son evidentes e inmediatos. Pero, de alguna manera, el simple acto de hablar con Dios cambia maravillosamente nuestra percepción de las circunstancias y del mundo. Orando se experimenta un amor que nos transforma y nos capacita para hacer el bien, porque nos da el deseo de ser más solidarios y compasivos, sobre todo cuando las dificultades parecen abrumadoras. Es importante que nuestras plegarias incluyan a los demás. Así mostramos solidaridad y amor, ayudando a quienes atraviesan contrariedades. En la sociedad actual, tan marcada por el individualismo, orar por el prójimo es un acto de unión y apoyo mutuo. La oración es necesaria, no debería ser una práctica de pocos o esporádica. Nos permite mantener una estrecha relación con nuestro creador, entendiendo o aceptando sus propósitos y voluntad. En todo tiempo, tanto en los buenos como en los malos, recordemos que estamos a una oración de distancia de quien siempre está presto a escucharnos y ofrecernos su auxilio. “Y todo lo que pidáis en oración, creyendo, lo recibiréis.” (Mateo 21, 22) Concluyamos con las palabras de San Pablo a los filipenses: “No se inquieten por nada; más bien, en toda ocasión, con oración y ruego, presenten sus peticiones a Dios, y la paz de Dios, que supera todo entendimiento, cuidará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús.”