Cargando indicadores...
Sucre Logo
Imagen del artículo
Opinión

El peligro de normalizar la indiferencia en el matrimonio

Tatiana Valeta Lambraño
Tatiana Valeta Lambraño
Columnista
19 de junio de 2026

Cuando pensamos en las mayores amenazas para un matrimonio, solemos imaginar infidelidades, mentiras, violencia o conflictos constantes. Sin embargo, existe un enemigo silencioso que destruye muchas relaciones sin hacer ruido: la indiferencia.

Cuando pensamos en las mayores amenazas para un matrimonio, solemos imaginar infidelidades, mentiras, violencia o conflictos constantes. Sin embargo, existe un enemigo silencioso que destruye muchas relaciones sin hacer ruido: la indiferencia. La indiferencia no aparece de un día para otro. Llega poco a poco. Se instala cuando dejamos de interesarnos por lo que siente el otro, cuando ya no preguntamos cómo estuvo su día, cuando escuchamos sin prestar verdadera atención o cuando los pequeños detalles dejan de importar. Hace algún tiempo, una mujer me dijo: “Lo más duro no es que me trate mal, es que siento que ya no le importa cómo me siento”. Y un hombre confesó: “Vivimos juntos, pero siento que hace mucho dejamos de compartir la vida”. Estas frases reflejan una realidad más común de lo que imaginamos. Lo preocupante es que muchas parejas terminan acostumbrándose a esta situación y la consideran normal. Frases como: “así son todos los matrimonios”, “ya no estamos para romanticismos” o “lo importante es que seguimos juntos” pueden esconder una realidad dolorosa: dos personas que comparten una casa, pero ya no comparten su corazón. La indiferencia es peligrosa porque no siempre genera discusiones. De hecho, muchas veces produce lo contrario: silencio. Y cuando una pareja deja de hablar de lo que le duele, de lo que necesita o de lo que sueña, la desconexión emocional comienza a crecer. Poco a poco desaparecen la admiración, la complicidad y el deseo de construir juntos. Ningún ser humano quiere sentirse invisible. Todos necesitamos sentir que nuestra presencia importa, que nuestras emociones son escuchadas y que nuestras alegrías y preocupaciones tienen un lugar en el corazón de quien amamos. Cuando eso no ocurre, empiezan a aparecer la soledad, la frustración y la distancia emocional. La buena noticia es que la indiferencia no tiene por qué convertirse en el destino final de una relación. Reconocerla es el primer paso para cambiarla. Recuperar espacios de conversación, expresar gratitud, interesarse genuinamente por el otro y compartir tiempo de calidad son acciones sencillas que pueden hacer una gran diferencia. Los matrimonios no se fortalecen únicamente por los años que llevan juntos, sino por la calidad de la conexión que construyen cada día. Por eso hoy quiero dejarte una pregunta: ¿estás compartiendo tu vida con tu pareja o simplemente están conviviendo bajo el mismo techo? La respuesta puede marcar el inicio de una transformación profunda. Porque el amor rara vez muere de golpe; muchas veces se apaga lentamente cuando la indiferencia encuentra un lugar permanente en el hogar.