Cargando indicadores...
Sucre Logo
Imagen del artículo
Opinión

El otoño de las familias

Olga Lucía Bustamante Madrid
Olga Lucía Bustamante Madrid
Columnista
9 de agosto de 2025

Es una ley natural que nada es para siempre. Aquella estructura familiar con la presencia de papá y mamá, que tantas alegrías y hermosas vivencias dieron, donde te enseñaron a abrazar y te animaron a seguir, te formaron, instruyeron y corrigieron...

Por Olga Lucia Bustamante Madrid Es una ley natural que nada es para siempre. Aquella estructura familiar con la presencia de papá y mamá, que tantas alegrías y hermosas vivencias dieron, donde te enseñaron a abrazar y te animaron a seguir, te formaron, instruyeron y corrigieron, poco a poco se va diluyendo en el tiempo, pero no desaparece del todo. Cambian las mecánicas, el esquema del clan familiar muta para convertirse en la casa de los abuelos. La casa donde todos aprendimos de amores y nostalgias, conocimos alegrías y tristezas, responsabilidades y obligaciones, triunfos y fracasos. Llena de risas o enojos, de niños juguetones, permanece en el tiempo solo en los corazones. Los hijos crecen para dar inicio a nuevas experiencias con sus nuevas vivencias. En la casa grande, la de los abuelos, ya sobra espacio. El bullicio, el ir y venir, son cosas del pasado. Quedaron los recuerdos grabados en los corazones, la nostalgia de las risas a carcajadas, de aquella mesa compartida entre hermanos que se peleaban porque al otro le había tocado más. Quedan las visitas de fin de semana o de ocasiones especiales. Aquella época queda atrás para darle la bienvenida a otra muy bella. El círculo familiar crece con la fusión de otros miembros muy queridos. Llegan las parejas de nuestros hijos(as) y se da inicio a nuevos hogares y nuevas vidas. Es la extensión de la calidez y el amor, regresan los abrazos y los besos, aparece la ternura de los niños, los primeros pasos, las primeras palabras, la transparencia de esos nacientes corazones: los nietos. Regresan los momentos del compartir, el buen humor, todos cargados de anécdotas que nos dejaron huellas, satisfacciones y complacencias, o descontentos y agravios. Todo ha sido enseñanza, todo, aprendizaje. Los hogares cambian sus dinámicas. Las etapas que tiene la tierra: primavera, verano, otoño e invierno, se repiten en la naturaleza del hombre. ¿Será que no sabemos descifrar los mensajes? La soledad que nos acompañó en el vientre de nuestra madre se parece a la soledad del otoño de la vida, tiempos de reflexión y de espera, tiempos donde se refleja el amor o desamor que compartimos con nuestros allegados. Las etapas de la vida son efímeras. Nuestro crecimiento consiste en aprovechar cada momento que vivimos, porque a veces el final llega cuando no se espera.