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Opinión

El nuevo turismo

Manuel Cadrazco Martelo
Manuel Cadrazco Martelo
Columnista
20 de mayo de 2026

En América Latina y el Caribe abundan los discursos sobre el potencial turístico, pero el Banco Interamericano de Desarrollo recordó recientemente que la región solo avanzará si pasa de las declaraciones a las acciones concretas. Esa reflexión es especialmente pertinente para el Caribe colombiano, territorios con una riqueza natural y cultural inmensa, pero donde la política pública aún no logra convertir ese capital en bienestar para las comunidades.

En América Latina y el Caribe abundan los discursos sobre el potencial turístico, pero el Banco Interamericano de Desarrollo recordó recientemente que la región solo avanzará si pasa de las declaraciones a las acciones concretas. Esa reflexión es especialmente pertinente para el Caribe colombiano, territorios con una riqueza natural y cultural inmensa, pero donde la política pública aún no logra convertir ese capital en bienestar para las comunidades. El turismo de aventura y bienestar está creciendo en todo el mundo. Buceo, senderismo, avistamiento de fauna, rutas de naturaleza y experiencias de desconexión son hoy una tendencia global. El Caribe y Sucre tienen todo para insertarse en ese mercado. Desde los manglares del Golfo de Morrosquillo hasta los senderos de los Montes de María y las ciénagas del San Jorge, el territorio ofrece escenarios únicos que podrían atraer a viajeros que buscan autenticidad y contacto con la naturaleza. Sin embargo, para que eso ocurra se necesita algo más que entusiasmo. Se requiere política pública sostenida. El BID plantea cinco acciones para transformar el turismo en un verdadero motor económico. La primera es mejorar la infraestructura y la conectividad. Vías terciarias en buen estado, señalización adecuada, muelles seguros y transporte confiable hacia zonas de naturaleza. La segunda es profesionalizar el sector. No basta con tener atractivos, se necesitan guías formados, operadores certificados y estándares de calidad que generen confianza en los visitantes. La tercera acción es diversificar la oferta. El Caribe no puede depender únicamente del sol y playa. Sucre, por ejemplo podría posicionarse como un destino de turismo de aventura, con rutas de kayak, senderos, experiencias gastronómicas locales y circuitos culturales que integren a las comunidades. La cuarta es fortalecer la sostenibilidad. El turismo solo será viable si protege los ecosistemas, regula las cargas de visitantes y garantiza que los beneficios lleguen a las poblaciones locales. La quinta acción es mejorar la gobernanza. Esto implica articular alcaldías, gobernación, sector privado y comunidades para planear juntos, evitar improvisaciones y asegurar continuidad más allá de los cambios de gobierno. Sin instituciones sólidas no hay turismo que prospere. El Caribe y Sucre no necesitan inventar nada. Ya tienen los paisajes, la cultura y la autenticidad que el mundo busca. Lo que falta es convertir ese potencial en proyectos concretos, medibles y sostenibles. Pasar del discurso a la acción es la única ruta para que el turismo deje de ser una promesa y se convierta en una oportunidad real de desarrollo.