
El Niño viene fuerte

Los boletines meteorológicos internacionales y nacionales, señalan que, entre mayo y junio de este año, el fenómeno del Niño tendrá una probabilidad de ocurrencia del 61%, con incremento progresivo a partir de septiembre de 2026. No es una buena noticia para el país y menos aún para el Caribe. El evento climático denominado El Niño, es un patrón natural que tiene importantes implicaciones para los ecosistemas y la biodiversidad de las Américas.
Los boletines meteorológicos internacionales y nacionales, señalan que, entre mayo y junio de este año, el fenómeno del Niño tendrá una probabilidad de ocurrencia del 61%, con incremento progresivo a partir de septiembre de 2026. No es una buena noticia para el país y menos aún para el Caribe. El evento climático denominado El Niño, es un patrón natural que tiene importantes implicaciones para los ecosistemas y la biodiversidad de las Américas. A diferencia de lo que ocurre en el norte, El Niño genera un efecto opuesto en el Cono Sur del continente. Mientras que, Colombia, Venezuela y el norte de Brasil enfrentan condiciones más secas y riesgos ambientales por escasez de agua, regiones en el sur de Brasil, Uruguay, el norte de Argentina y el centro de Chile deben prepararse para precipitaciones por encima del promedio, con los riesgos que esto conlleva. Las sequías prolongadas resultantes de El Niño, que será lo que se espera para la región Caribe de Colombia en este segundo semestre, son, en esencia, su principal manifestación, provocando alteraciones en la dinámica y los ciclos fisiológicos de los ecosistemas y las especies, así como déficit hídrico. Los impactos inminentes en el clima incluyen un mayor riesgo de incendios forestales, olas de calor, estrés hídrico y afectaciones en la producción de alimentos. A pesar de tener un origen natural, es crucial reconocer que El Niño, que se espera, ocurre en el contexto de una triple crisis planetaria. El cambio climático, que exacerba fenómenos extremos, como sequías e inundaciones, que se vuelven más frecuentes y severas. La pérdida de biodiversidad, que se acelera debido a los cambios en los hábitats naturales y al aumento de los incendios forestales. Además, la contaminación de la atmósfera y los cuerpos de agua, que se agrava bajo la influencia de El Niño. Desafortunadamente, la situación se complica aún más por los recursos financieros limitados con que cuenta la Región para atender estas crisis. Paradójicamente, apenas se está saliendo de una tragedia causada por las inundaciones en el sur del Caribe Colombiano y se espera una sequía prolongada y severa que afectará con sumo rigor la productividad y generará fuertes pérdidas económicas, sin que haya existido un tiempo de recuperación adecuado, tanto para la sociedad como para los sistemas ambientales implicados. De cumplirse lo señalado por las agencias respectivas, El Niño se prevé muy fuerte. Los daños que se esperan podrían ser enormes y como siempre le tocará a la gente mirar cómo va a resolver una tragedia anunciada.