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Opinión

El frenesí de la igualdad

Susana Viera
Susana Viera
Columnista
10 de marzo de 2024

El artículo explora la dualidad de "compartir" y "competir" en la vida, analizando cómo se manifiestan en lo personal y en la política. Examina la hipocresía de los socialistas y la necesidad de redistribuir privilegios.

Por. Susana Viera Se puede clasificar a las personas aplicando dos verbos rectores: compartir y competir. Creo que su uso puede permitirnos tomar mejores decisiones en la vida, y no de manera prosaica, sino materialmente útil para el presente simple. Yo comparto, y ustedes compiten. Pensemos que somos capaces de derribar una muralla mental, esa creencia de que hay personas que están solas en este mundo, y cambiarla por una premisa ligeramente más susceptible y perfectible: las personas están rodeadas por un círculo cercano llamado familia y amigos, y otras por una sociedad injusta y excluyente. Ahora bien, observemos a un habitante de calle, sin entrar a analizar las causas que lo condujeron a esa condición humana de no poseer lo materialmente necesario. Es decir, esta persona no hace parte de un círculo cercano, pero si, de una sociedad lejana. Es tan importante este individuo como todo el sistema político y económico que orbita a su alrededor. Sobre todo, para los socialistas, quienes luchan por acabar con los privilegios de los ricos y poderosos para la construcción de una sociedad más igualitaria. Observo dos escenarios para conjugar, en tiempo presente, la acción de compartir y competir. Por un lado, el entorno privado, donde fácilmente puedes distinguir cuáles son tus verdaderos amigos y familiares, por el sencillo hecho de hacer suyas tus alegrías o tristezas y quiénes compiten contra tus propósitos y se convierten en obstáculos, en competidores silenciosos o francos opositores. Esta línea de discernimiento, honestamente, me parece muy útil. En el escenario público político, ¿cómo funcionan las acciones de compartir y competir, bajo el antagonismo del socialismo y el capitalismo? Hablemos de las incoherencias de los socialistas cuando saborean las riquezas. Es tan sencillo, solo hay que dirigir la mirada hacia la cúpula de nuestros gobernantes de hoy, para preguntarnos qué es lo que comparten con los pobres cuando lo evidente es que su apetencia es competir por el poder y disfrutar de los privilegios, recursos, lujos, etcétera para no enlistar los escandalosos abusos y despilfarros. Lugares privilegiados siempre han existido y existirán, o cómo creen que hubiese podido existir Cleopatra, sin la Biblioteca de Alejandría. La riqueza y la pobreza hacen parte de la humanidad, la inventó el hombre y así mismo, podemos construir nuevos conceptos en la sociedad cuyo propósito siga siendo el bienestar común, pues aspirar a que todos seamos iguales en riqueza o pobreza es una utopía. Lo evidente es la redistribución de privilegios. Compartir el bienestar se logra a través de la educación y la calidad de vida, lo demás es una falacia en el frenesí de la igualdad socialista.