
El estado de opinión

Jaime Castro critica a Petro por priorizar la "opinión pública" sobre la ley, tras su victoria electoral. Castro advierte sobre el rechazo a la separación de poderes y la falta de respaldo popular real a las reformas del "cambio".
Por: Samuel Morales Turizo Para Jaime Castro, exconstituyente, el estado de opinión: “no es una categoría jurídica, es un concepto político, con las buscas acomodar toda su actuación en lo que piense la opinión pública, por lo menos la mayoritaria”. Petro está desorientado al haber triunfado la elección presidencial en junio de 2022, le dio no solo todo el poder político, sino, asimismo, esa victoria en los comicios le garantizó completamente el compendio de reformas del “cambio”. En ese rango de ideas, da comprender lo contrario del Congreso a aprobar los proyectos tal como se los radica el Ejecutivo. O los controles que desempeña el Poder Judicial, por medio de la Fiscalía, la Procuraduría, la Corte Constitucional o el Consejo de Estado, violentan ese mandato popular. Es una interpretación desacertada. Rechaza la separación y autonomía de los poderes. Lo que acontece es que el presidente y su gobierno no desean pactar, sino su consentimiento a sus posturas, que están notablemente idealizadas y amarradas a un libreto exclusivo del “cambio”. Petro se quiere brincar el Estado de Derecho y se apoya más por apelar a la tesis del estado de opinión, en donde predomine el voluntarismo gubernamental sobre el orden institucional. También causó un entorno de indecisión en el país al percibir a un ejecutivo sometiendo al Congreso, amenazándolo con ponerle presión a que apruebe los proyectos bajo los argumentos de que tienen un “mandato popular”. Petro ganó la Casa de Nariño con 11,3 millones de votos, hubo 10.6 millones por Rodolfo Hernández y 500 mil más en blanco. Petro se olvida y esto significa que 11.1 millones sufragios no fueron para el presidente ni sus propuestas. En cuanto a los congresistas, la situación es más diciente: hubo 18,9 millones de votos (16,9 millones válidos) y 1,07 millones en blanco. Es decir, que votó más gente por el Congreso que por Petro. Además, el Pacto Histórico solo sumó 2.800.000 de votos. Este fue el capital político legislativo real de las reformas petristas. No hubo, en consecuencia, ningún mandato popular mayoritario por el “cambio”. El presidente no tiene como radicalizarse y si se radicaliza se cae, porque no tiene el respaldo de la calle. Para Petro es mejor moderarse, y le puede ir bien.